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Un simple análisis de sangre puede predecir si la esclerosis múltiple está aumentando

Se puede detectar en el torrente sanguíneo y en el líquido espinal cuando mueren las células nerviosas. Los científicos encontraron que los niveles de proteína del nervio en la sangre eran más altos cuando la IMR detectó nuevas lesiones.


Un análisis de sangre para monitorizar una proteína nerviosa en la sangre de personas con esclerosis múltiple (EM) puede ayudar a predecir si la actividad de la enfermedad está aumentando, según un estudio publicado en la edición digital del pasado miércoles de 'Neurology, Neuroimmunology and Neuroinflammation', una publicación de la Academia Americana de Neurología. La proteína nerviosa, llamada cadena ligera del neurofilamento, es un componente de las células nerviosas y se puede detectar en el torrente sanguíneo y en el líquido espinal cuando mueren las células nerviosas. "Dado que la esclerosis múltiple varía tanto de persona a persona y es tan impredecible en cuanto a cómo progresará la enfermedad y cómo responderá la gente al tratamiento, sería muy útil identificar un biomarcador como éste que pueda ayudarnos a hacer predicciones", plantea el autor del estudio, Kristin N Varhaug, de la Universidad de Bergen en Bergen, Noruega. "Estos análisis de sangre podrían proporcionar una alternativa de bajo costo a la IMR [imagen por resonancia magnética] para controlar la actividad de la enfermedad", añade.


Un análisis de sangre también puede ser una buena alternativa para aquellos que temen el espacio pequeño y cerrado que se requiere para realizar una resonancia magnética. "Controlamos los niveles de neurofilamentos de la cadena ligera en la sangre de personas con la forma remitente-recidivante de EM y los niveles encontrados de esta proteína nerviosa fueron más altos cuando las personas tenían actividad nueva de la enfermedad y más bajas cuando tomaron medicamentos para reducir el número de brotes de síntomas", dice Varhaug. La EM recurrente-remitente es una forma de la enfermedad caracterizada por brotes de síntomas seguidos de periodos de remisión. Para el estudio de dos años, los investigadores inscribieron a 85 personas con EM recurrente-remitente durante un promedio de dos años. Durante los primeros seis meses, los participantes no recibieron tratamiento modificador de la enfermedad y en los restantes 18 meses, todos fueron tratados con interferón-beta 1a, que puede reducir el número de brotes y la acumulación de lesiones cerebrales en la EM.

Durante los primeros nueve meses, se realizó a los participantes escaneos mensuales de imágenes por resonancia magnética (IMR) y volvieron a realizarse resonancias magnéticas en el primero y el segundo año. También se tomaron muestras de sangre al comienzo del estudio, a los tres y seis meses, así como el primero y el segundo año. Más niveles de una proteína en presencia de nuevas lesiones cerebrales


Más niveles de una proteína en presencia de nuevas lesiones cerebrales

Los científicos encontraron que los niveles de proteína del nervio en la sangre eran más altos cuando la IMR detectó nuevas lesiones T1 y T2, que son áreas dañadas en el cerebro debido a la EM. Aquellos con nuevas lesiones T1 tenían 37,3 picogramos por mililitro (pg/ml) de la proteína nerviosa en la sangre en comparación con 28 pg/ml en las personas sin nuevas lesiones T1. Aquellos con lesiones T2 nuevas presentaban 37,3 pg/ml de proteína nerviosa en la sangre frente a 27,7 pg/ml para quienes no tenían nuevas lesiones T2. El aumento de los niveles de la proteína nerviosa estuvo presente durante un periodo de tres meses durante el desarrollo de nuevas lesiones. Los niveles de proteína nerviosa también disminuyeron cuando comenzó el tratamiento con interferón-beta 1a. Los autores encontraron que un aumento de 10 pg/ml en una persona se vinculó con un 48 por ciento más de riesgo de desarrollar una nueva lesión T1 y un aumento del 62 por ciento en el riesgo de una nueva lesión T2. "Los análisis de sangre para esta proteína nerviosa pueden ser una forma efectiva de controlar la actividad de la enfermedad y cómo está funcionando el tratamiento", apunta Varhaug. Las limitaciones del estudio incluyen que las personas tenían IMR más frecuentes de lo que tendrían durante el cuidado regular de la EM. Además, aunque la mayoría de los pacientes experimentaron nuevas lesiones durante el seguimiento, no todos tuvieron recaídas. Según los autores, estudios futuros pueden poder considerar un marco de tiempo más largo de seguimiento.

 

Fuente 20minutos.es

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