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Los anticuerpos monoclonales para el cáncer también podrían curar la aterosclerosis

El bloqueo de la proteína CD47 que emplean las células tumorales para evitar ser destruidas por el sistema inmune también revierte la formación de la placa de ateroma


Cuando una célula se convierte en maligna, o lo que es lo mismo, en cancerosa, emite señales para confundir al sistema inmune y, así, evitar ser destruidas por el mismo. En consecuencia, uno de los objetivos de las terapias inmunes es encontrar una molécula capaz de bloquear esta señal, lo que facilitaría una respuesta inmune adecuada y la consecuente destrucción del tumor. Pero aún hay más. Según un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford (EE.UU.), los anticuerpos para bloquear esta señal no solo podrían ser eficaces para combatir el cáncer: también parecen ser muy efectivos, y mucho, en el tratamiento de la aterosclerosis, esto es, la enfermedad causada por la deposición en los vasos sanguíneos de unas placas –las consabidas ‘placas de ateroma’– que pueden romperse y provocar un trombo, lo que puede dar lugar a episodios cardiovasculares como un infarto de miocardio o un ictus.

Concretamente, el estudio, publicado en la revista «Nature», muestra que el uso de anticuerpos monoclonales para bloquear la señal que utilizan las células tumorales para evitar su destrucción por el sistema inmune son capaces de revertir la aterosclerosis. O así sucede, cuando menos, en modelos animales.

Como explica Yoko Kojima, directora de la investigación, «si nuestros hallazgos se confirma en los estudios con seres humanos, entonces este fármaco podría utilizarse para combatir la enfermedad cardiovascular, que a día de hoy constituye la primera causa de mortalidad global. Y además lo haría actuando no sobre meros factores de riesgo como la hipercolesterolemia o la hipertensión arterial, sino sobre las lesiones directamente responsables de la enfermedad cardiovascular: las placas de ateroma».

Ayudar a ‘sacar la basura’
Las células sanas tienen una proteína en la superficie de sus membranas –la proteína CD47– que actúa como una señal para que el sistema inmune reconozca que todavía gozan de buena salud y, en consecuencia, no las destruya. Sin embargo, cuando estas células se acercan a su muerte, la proteína CD47 empieza a desaparecer gradualmente de sus superficies. En este momento, los macrófagos, esto es, las células del sistema inmune responsables de la ingesta –o ‘fagocitosis’– de los cuerpos extraños, se encargan de destruir a estas células ‘moribundas’. Y para ello, se las ‘comen’.

Como indica Nicholas Leeper, co-autor de la investigación, «uno de los múltiples trabajos que llevan a cabo los macrófagos es engullir las células muertas o moribundas, que de otra manera podrían comenzar a liberar sustancias que pueden promover la inflamación».

El problema es que no todos las células muertas o moribundas son destruidas por los macrófagos. De hecho, la placa de ateroma, compuesta fundamentalmente por lípidos –sobre todo por c-LDL o ‘colesterol malo’–, contiene una gran cantidad de estas células, así como muchos macrófagos muertos. Tal es así que, como refiere Nicholas Leeper, «parece que la enfermedad cardiovascular se produce por la incapacidad de nuestro sistema inmune de ‘sacar la basura’».
Es más; como muestra el nuevo estudio, en el que los autores llevaron a cabo un análisis genético de cientos de muestras de tejidos de las arterias carótida y coronaria, la proteína CD47 es extremadamente abundante en la placa de ateroma, mucho más que en el tejido vascular ‘sano’. De hecho, la cantidad de esta CD47 se asocia directamente al riesgo de episodios cardiovasculares, caso del ictus.

Por tanto, el tratamiento de la aterosclerosis podría pasar por el bloqueo de la proteína CD47. Una posibilidad ya evaluada en las células tumorales, que tal y como sucede con las placas de ateroma, presentan una sobreexpresión de CD47, que actúa como la señal anteriormente referida para no que no sean destruidas por el sistema inmune. Y en este caso, el uso de anticuerpos monoclonales que bloquean la proteína provocó que los macrófagos acabaran fagocitando a las células tumorales. Tal es así que a día de hoy ya se están llevando a cabo ensayos clínicos en fase I con estos anticuerpos monoclonales específicos de CD47 con seres humanos con tumores sólidos.
Más allá del cáncer

Y estos anticuerpos monoclonales, ¿también funcionan en las placas de ateroma o, lo que es lo mismo, en el tratamiento de la aterosclerosis? Pues según un segundo estudio llevado a cabo con modelos animales –ratones– de aterosclerosis, sí. Y es que el bloqueo de la proteína CD47 no solo redujo muy significativamente la formación de la placa de ateroma, sino que incluso eliminó muchas de las placas ya formadas –un fenómeno observado en muy pocos estudios previos.

En definitiva, el próximo paso será evaluar si estos anticuerpos anti-CD47 también son eficaces a la hora de frenar, cuando no revertir, el desarrollo de la aterosclerosis en seres humanos.

Unos estudios muy necesarios dado que el tratamiento con estos anticuerpos tiene un efecto secundario indeseable: la aparición de anemia. Como apunta Nicholas Leeper, «los glóbulos rojos jóvenes tienen una gran cantidad de CD47 en su superficie que indica a los macrófagos que los dejen en paz. Pero los glóbulos rojos más viejos tienen menor CD47, para así permitir que los macrófagos los vayan retirando de la circulación».

El problema es que los anticuerpos anti-CD47 provocan que los glóbulos rojos más viejos sean aún más susceptibles al ataque de los macrófagos. La buena noticia es que, como se vio en el estudio con modelos animales, el organismo se adapta rápidamente a la nueva situación. Y para ello, tan solo produce grandes cantidades de glóbulos rojos jóvenes con abundancia de proteína CD47 en su superficie.

 

Fuente abc.es

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