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Cuidado: la mitad de los infartos de miocardio son asintomáticos

Si bien el 45% de los infartos no presentan síntomas y no son detectados por los pacientes, resultan tan peligrosos como aquellos que cursan con dolor en el pecho


Las enfermedades cardiovasculares se corresponden con la primera causa de mortalidad en todo el mundo. De hecho, solo en 2012 fueron responsables de cerca de 17,5 millones de decesos en todo el planeta. Una cifra que, según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), representa el 31% de todos los fallecimientos acaecidos ese año a nivel global, principalmente por accidentes cerebrovasculares –o ictus– e infartos de miocardio. Y en este contexto, cabe destacar que cerca de la mitad de estos infartos son ‘silentes’, es decir, asintomáticos. Un aspecto a tener muy en cuenta dado que, aunque el paciente no sepa que lo está padeciendo, estos infartos ‘silenciosos’, conllevan el mismo riesgo de mortalidad cardiovascular o por cualquier otra causa que los episodios ‘sintomáticos’. Así lo muestra un nuevo estudio dirigido por investigadores del Centro Médico Baptista Wake Forest en Winston-Salem (EE.UU.) y publicado en la revista «Circulation».
Como explica Elsayed Z. Soliman, director de la investigación, «el pronóstico de un infarto de miocardio silente es tan malo como el del típico infarto que se reconoce cuando está pasando. Y dado que los pacientes no saben que están sufriendo un infarto silente, es posible que no reciban el tratamiento que necesitan para prevenir la aparición de un nuevo infarto».


Más comunes en varones
La creencia general es que los infartos de miocardio cursan con síntomas ‘clásicos’ como el dolor de pecho, la falta de aliento o los sudores fríos. Pero la realidad es que los infartos, esto es, la pérdida de irrigación sanguínea, total o parcial, del músculo cardiaco, pueden sufrirse sin presentar ninguna sintomatología.
En el nuevo estudio, los autores analizaron los historiales médicos de 9.498 adultos de mediana edad incluidos en el Estudio de Riesgo de Aterosclerosis en las Comunidades (ARIC), trabajo puesto en marcha en 1987 en Estados Unidos con el objetivo de determinar las causas y el pronóstico de la aterosclerosis.
Durante los nueve años de seguimiento promedio del ARIC, 317 participantes sufrieron un infarto silente y 386 padecieron un infarto con síntomas clínicos. Pero el nuevo estudio no acabó ahí: los autores siguieron durante dos décadas la evolución de los pacientes infartados para determinar su riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular o por cualquier otra causa.


Los resultados mostraron que el 45% de los infartos cursan de forma asintomática, así como que estos infartos silentes triplican el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular y aumentan en un 34% la probabilidad de fallecer por una causa no cardiovascular.


Es más; los infartos de miocardio silentes son más comunes en los varones que en las mujeres. Sin embargo, y una vez se presentan, el riesgo de mortalidad es mucho mayor en la población femenina que en la masculina.
Como apunta Elsayed Soliman, «parece que las consecuencias de los infartos silentes son peores en las mujeres que en los hombres. Además, nuestros resultados también sugieren que las consecuencias son igualmente peores en las personas de raza negra que en aquellas de raza blanca, si bien el número de participantes negros en el estudio resultó demasiado pequeño como para asegurarlo con certeza».

Tan peligrosos como los ‘sintomáticos’
Por lo general, estos infartos silentes no son tan ‘silenciosos’ y suelen cursar con algún síntoma. El problema es que los síntomas son tan leves que el afectado no llega ni a darse cuenta de haberlo padecido. Entonces, ¿cómo se sabe que una persona ha sufrido realmente un infarto de miocardio ‘silente’? Pues simplemente, porque es detectado posteriormente cuando la persona se somete a un electrocardiograma (ECG) para evaluar la actividad eléctrica de su corazón.
Sea como fuere, alerta Elsayed Soliman, «una vez se ha detectado, el infarto ‘silente’ debe ser tratado de una forma igual de agresiva que los infartos en los que los síntomas son patentes».
Y llegados a este punto, ¿hay alguna diferencia entre los factores de riesgo de ambos ‘tipos’ de infartos, silentes y sintomáticos? Pues no, son los mismos. Y por lo que refiere a los factores de riesgo modificables, como concluye Elsayed Soliman, «los médicos tienen que ayudar a sus pacientes que han sufrido un infarto silente a dejar de fumar, bajar de peso, controlar sus niveles de presión arterial y glucosa en sangre y hacer más ejercicio».

 

Fuente abc.es

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