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Las hepatitis B y C aumentan el riesgo de desarrollo del párkinson

Las personas con VHB y VHB presentan, respectivamente, un riesgo un 72% mayor y un 51% superior de acabar padeciendo esta enfermedad 


La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurológico crónico, neurodegenerativo e invalidante que padecen más de 160.000 personas en nuestro país, en hasta un 10% de los casos en fase avanzada. Una enfermedad que, además de por un deterioro cognitivo, se caracteriza fundamentalmente por los problemas motores, caso de los típicos temblores y de la dificultad para caminar, y que tiene su origen en la destrucción progresiva de las neuronas pigmentadas de la sustancia negra cerebral. Pero, esta muerte neuronal y, por ende, la aparición y progresión de la enfermedad, ¿a qué se debe? Pues la verdad es que aún no se sabe. De hecho, se cree que el párkinson es el resultado de la conjunción de factores genéticos –el número de genes relacionados ya identificados se limita a tres– y ambientales, aunque se desconoce cuáles. Sin embargo, investigadores de la Universidad de Oxford (Reino Unido) parecen haber identificado un factor asociado a un riesgo mucho mayor de desarrollar esta enfermedad: la infección por los virus de la hepatitis B (VHB) y C (VHC).
Como explica Julia Pakpoor, directora de esta investigación publicada en la revista «Neurology», «el desarrollo de la enfermedad de Parkinson es complejo, con factores tanto genéticos como ambientales. Y en este contexto, es posible que el virus de la hepatitis por sí mismo o, quizás, los tratamientos para tratar la infección, jueguen un papel en la aparición de la enfermedad. O también es posible que las personas susceptibles a las infecciones por el VHB o el VHC sean también más susceptibles a la enfermedad de Parkinson».
VHB y VHC, que no VIH
Para llevar a cabo el estudio, los autores analizaron los historiales médicos de cerca de 100.000 pacientes británicos que habían sido diagnosticados por primera vez de hepatitis B –en torno a 22.000 pacientes–, hepatitis C –cerca de 48.000–, hepatitis autoinmune –en torno a 6.000–, hepatitis crónica activa –cerca de 4.000– o infección por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) –en torno a 20.000– entre los años 1999 y 2011. Y asimismo, y con objeto de comparar la posible relación de estas enfermedades con el párkinson, evaluaron los historiales de más de seis millones de pacientes que habían sido atendidos por otras muchas razones –desde una operación de cataratas hasta una cirugía de reemplazo de rodilla.

Los resultados revelaron que los pacientes diagnosticados de hepatitis B tenían un riesgo un 76% superior de acabar padeciendo la enfermedad de párkinson. De hecho, y si bien como mostraron los resultados alcanzados con los más de seis millones de pacientes –la población general o ‘control’– tratados por diversas razones, el número de casos de párkinson esperables entre los afectados por el VHB se limitaba a 25, el número total de diagnósticos se elevó a 44.
Por su parte, la infección por el VHC se asoció con un riesgo hasta un 51% mayor de desarrollar el párkinson –la cifra total de diagnósticos se estableció en 73 cuando debían esperarse 49–. Así, los resultados confirman las evidencias alcanzadas en un estudio previo llevado a cabo en Taiwán y en el que ya se mostró la posible relación entre el VHC y el párkinson –trabajo en el que, sin embargo, no se observó ninguna relación en el caso del VHB.

Por el contrario, el VIH, la hepatitis autoinmune o la hepatitis crónica activa no conllevaron ningún incremento de la probabilidad de desarrollar esta enfermedad neurodegenerativa.

400 millones de personas
En definitiva, las personas con los virus de la hepatitis B o C tienen un riesgo significativamente mayor de padecer el párkinson. Un aspecto a tener muy en cuenta dadas las cifras, abismales, de pacientes afectados por uno de estos dos virus en todo el mundo –más de 400 millones según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Como concluye Julia Pakpoor, «es cierto que nuestro trabajo tiene limitaciones como que solo nos hayamos basado en personas que fueron evaluadas en un hospital o que no hayamos podido ajustar la presencia de estilos de vida que, como el consumo de alcohol o tabaco, pueden influir sobre el riesgo de párkinson. Aun así, esperamos que la identificación de esta relación pueda ayudarnos a alcanzar una mejor comprensión de cómo se desarrolla la enfermedad de Parkinson».

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