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ELA: más cerca de desentrañar dónde comienza la enfermedad
Investigadores internacionales estudian si la degeneración se inicia en las neuronas motoras, el músculo u otros componentes del organismo para avanzar hacia un diagnóstico más precoz
Descubrir qué desencadena la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es uno de los grandes desafíos de la investigación sobre esta enfermedad neurodegenerativa. Identificar el primer acontecimiento biológico que pone en marcha el proceso podría facilitar un diagnóstico más temprano y abrir nuevas vías para desarrollar biomarcadores y tratamientos dirigidos. Sin embargo, todavía no existe una explicación única sobre dónde comienza la enfermedad ni sobre los mecanismos que determinan su evolución en cada paciente.
Esta cuestión ha centrado parte del X Encuentro Internacional de ELA en España, celebrado en la Fundación Ramón Areces y organizado junto con la Fundación Luzón, en el que investigadores nacionales e internacionales han analizado las distintas hipótesis sobre el origen y la progresión de la patología.
Durante la jornada, Philippe Corcia, profesor de Neurología de la Universidad de Tours (Francia), ha defendido la importancia de identificar el acontecimiento biológico más temprano de la enfermedad. "Identificar el acontecimiento biológico más temprano en la ELA es especialmente importante, ya que podría permitir un diagnóstico más precoz y proporcionar una base racional para el desarrollo de biomarcadores y terapias dirigidas", ha señalado.
La ELA se caracteriza por la degeneración progresiva de las motoneuronas, las células nerviosas encargadas de transmitir las órdenes del cerebro y la médula espinal a los músculos. Cuando estas neuronas dejan de funcionar, los músculos pierden progresivamente su capacidad para contraerse, lo que provoca debilidad, pérdida de movilidad y, en fases avanzadas, dificultades para hablar, tragar o respirar.
Aunque la afectación de las motoneuronas constituye uno de los rasgos centrales de la enfermedad, sigue sin estar claro cuál es el primer elemento que falla y desencadena el proceso degenerativo. Según Corcia, el origen podría situarse en diferentes puntos de la red motora: la corteza cerebral, la propia neurona motora, su axón -la prolongación que transmite los impulsos nerviosos-, la unión neuromuscular, el músculo o las células gliales, que desempeñan funciones de soporte y protección del sistema nervioso.
Una enfermedad con múltiples mecanismos
Esta diversidad de posibles mecanismos ayuda a explicar por qué la ELA no se manifiesta ni evoluciona de la misma manera en todas las personas. Alberto García Redondo, investigador del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, ha abordado durante el encuentro la heterogeneidad de la enfermedad y las principales hipótesis científicas sobre su origen. Los avances en genética y biología molecular han permitido comprobar que, detrás de un mismo diagnóstico, pueden existir alteraciones genéticas y celulares diferentes, así como distintas trayectorias clínicas. Además, se han identificado cambios moleculares asociados a la ELA en tejidos distintos del sistema nervioso, incluso años antes de la aparición de los primeros síntomas.
No obstante, todavía se desconoce qué significado tienen estos cambios en el inicio de la enfermedad y si pueden utilizarse para anticipar su aparición. Determinar cuáles son relevantes y cuáles constituyen consecuencias de otros procesos es uno de los retos pendientes.
El papel del músculo, más allá de las neuronas
Otra de las líneas de investigación analizadas durante la jornada se centra en el músculo. José Luis González, investigador de la Universidad de Estrasburgo (Francia), ha examinado las evidencias que apuntan a que las células musculares también puede intervenir en el desarrollo de la ELA.
"Existen evidencias sólidas de que las células musculares presentan alteraciones intrínsecas en la ELA, aunque esto no significa necesariamente que sean estas células las que inicien la enfermedad", ha explicado. Según el investigador, la patología muscular puede interactuar con la neuronal de distintas maneras, afectando tanto a las fibras musculares como a las sinapsis neuromusculares, las conexiones que permiten a las neuronas activar los músculos.
Esta interacción plantea la posibilidad de que el deterioro no responda a una secuencia idéntica en todos los pacientes, sino a la combinación de diferentes procesos biológicos.
Comprender cómo se inicia y se propaga la enfermedad permitiría avanzar hacia una clasificación más precisa de sus distintas formas y facilitaría la identificación de pacientes que podrían beneficiarse de tratamientos específicos. Por ahora, sin embargo, estas hipótesis continúan en investigación y no se traducen todavía en una prueba capaz de anticipar de forma generalizada el diagnóstico.
Fuente larazon.es