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Los científicos descubren una vía que activa la grasa parda
Un estudio revela que las células de grasa parda, que están relacionadas con la pérdida de peso, se comunican para expandir las redes de nervios y vasos sanguíneos, aumentando la generación de calor
Tenemos varios tipos de grasa, blanca, marrón (o parda) y beige. Mientras la grasa blanca almacena calorías, la parda o marrón las quema. Es por eso que muchas investigaciones se centran en entender el proceso que activa la grasa parda.
Si hace menos de un año científicos del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona anunciaban que había dado con un proceso que acelera la quema de energía al identificar que una proteína, la neuritina 1, aumenta la quema de energía sin afectar la ingesta de alimento, hoy investigadores de la Universidad de Nueva York han determinado cómo una proteína clave activa la grasa parda al dilatar los vasos sanguíneos y los nervios en el tejido generador de calor.
Los hallazgos, publicados también en "Nature Communications", apuntan a una estrategia potencial para tratar la obesidad que se desvía del enfoque actual de suprimir el apetito.
Pero vayamos por partes. La mayor parte de la grasa corporal es grasa blanca, que almacena el exceso de energía y, en niveles elevados, puede provocar obesidad. Los humanos y otros mamíferos también poseen una menor cantidad de grasa parda, un tipo de grasa especializada en la generación de calor mediante un proceso conocido como termogénesis.
Este tejido especializado regula la temperatura corporal y está estrechamente relacionado con la pérdida de peso y la salud metabólica. Al activarse por la exposición al frío, la grasa parda utiliza los recursos del cuerpo, como la glucosa y los lípidos, para generar calor (termogénesis).
Durante este proceso, "toda esa energía química se disipa en forma de calor en lugar de almacenarse en el cuerpo como grasa blanca”, explica en un comunicado de la revista Farnaz Shamsi, profesora adjunta de patobiología molecular en la Facultad de Odontología de la Universidad de Nueva York y autora principal del estudio.
“Al absorber y utilizar rápidamente las fuentes de energía de nuestro cuerpo y de los alimentos que consumimos, la grasa parda -prosigue- actúa como un sumidero metabólico que atrae nutrientes e impide su almacenamiento”.
La grasa parda posee intrincadas y densas redes de nervios y vasos sanguíneos esenciales para su funcionamiento. Los nervios permiten que la grasa parda se comunique con el cerebro; cuando el cerebro detecta frío, activa rápidamente la grasa parda.
Los vasos sanguíneos suministran oxígeno y nutrientes a la grasa parda para generar calor, que luego se distribuye por todo el cuerpo. Si bien la investigación sobre la grasa parda se ha centrado principalmente en estimular las células adiposas para generar calor, se sabe menos sobre el funcionamiento de estas redes subyacentes.
El laboratorio de Shamsi utilizó previamente la secuenciación de ARN de células individuales para identificar SLIT3, una proteína secretada por las células de grasa parda, que, según creían, podría desempeñar un papel en la comunicación entre las células grasas. Al producirse, SLIT3 se divide en dos fragmentos diferentes.
Para el estudio, realizado en células humanas y de ratón, los investigadores descubrieron la enzima BMP1, responsable de la escisión de SLIT3 en dos fragmentos. También determinaron que estos dos fragmentos de SLIT3 controlan procesos diferentes: uno favorece el crecimiento de la red de vasos sanguíneos, mientras que el otro expande la red nerviosa.
“Funciona como una señal dividida, lo cual es un elegante diseño evolutivo en el que dos componentes de un solo factor regulan de forma independiente procesos distintos que deben estar estrechamente coordinados en el espacio y el tiempo”, señala Shamsi.
Además, los investigadores identificaron el receptor PLXNA1, que se une a uno de los fragmentos de SLIT3 para controlar la red nerviosa de la grasa parda. En estudios con ratones -que suelen tener grasa parda muy activa y toleran temperaturas frías durante largos periodos-, la eliminación de SLIT3 o del receptor Plxna1 de la grasa parda provocó que los ratones se volvieran sensibles al frío y tuvieran dificultades para mantener su temperatura corporal. Un análisis más detallado del tejido adiposo pardo sin SLIT3 o su receptor reveló que carece de la estructura nerviosa y la densidad de vasos sanguíneos adecuadas.
Para comprobar si sus hallazgos son aplicables a los humanos, los investigadores examinaron muestras de tejido adiposo de más de 15.000 personas, algunas de las cuales padecían obesidad. Centrándose en el gen que produce SLIT3, que según estudios previos está asociado con la obesidad y la resistencia a la insulina, descubrieron que la expresión del gen SLIT3 puede regular la salud del tejido adiposo, la inflamación y la sensibilidad a la insulina en personas con obesidad.
“Eso nos llamó mucho la atención, ya que sugiere que esta vía podría ser relevante en la obesidad humana y la salud metabólica”, dice Shamsi.
Si bien la mayoría de los fármacos para bajar de peso, incluidos los GLP-1, suprimen el apetito, disminuyendo la cantidad de alimentos que se ingieren y, por lo tanto, la cantidad de energía almacenada, los tratamientos que involucran la grasa parda tienen el potencial de aumentar el gasto energético. Esta nueva comprensión de lo que sucede dentro de la grasa parda, incluyendo cómo la SLIT3 se divide en dos y se une a los receptores para controlar los nervios y los vasos sanguíneos, pone de relieve varios procesos que podrían aprovecharse por su potencial terapéutico.
“Nuestra investigación demuestra que tener grasa parda no es suficiente; se necesita la infraestructura adecuada dentro del tejido para la producción de calor”, afirma Shamsi.
Fuente larazon.es