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Un estudio de Cambridge señala que la diarrea de transmisión sexual se está extendiendo y cada vez resiste más antibióticos
“Esta enfermedad ha pasado de ser relativamente tratable con medicamentos habituales a estar cerca de ser intratable en el transcurso de aproximadamente una década”, señala el estudio.
La diarrea suele asociarse con alimentos contaminados, agua en mal estado o infecciones adquiridas durante un viaje. Pero una bacteria intestinal está siguiendo otra ruta: las relaciones sexuales. Se llama Shigella, puede provocar diarrea intensa, fiebre y heces con sangre y, en ocasiones, causar complicaciones graves. Ahora, un estudio liderado por científicos de la Universidad de Cambridge advierte de que determinadas variantes se están propagando rápidamente, al tiempo que desarrollan resistencia a varios antibióticos.
El estudio, publicado en The Lancet Infectious Diseases, analizó 3.514 muestras bacterianas recogidas en el Reino Unido entre 2004 y 2020. Mediante la secuenciación del ADN y modelos epidemiológicos, los autores, liderados por Julia E Marshall, reconstruyeron la expansión de distintas variantes y compararon las asociadas a la transmisión sexual con las vinculadas a los viajes y otras vías de contagio.
Los resultados muestran que, entre 2015 y 2020, las variantes relacionadas con la transmisión sexual crecieron un 15 % más rápido cada año que las adquiridas por otras vías, como los alimentos contaminados o los viajes al extranjero. Además, durante un periodo evolutivo de aproximadamente dos años y medio, las cepas asociadas al contacto sexual se extendieron entre localidades separadas por una distancia media de 117 kilómetros, frente a los 46 kilómetros de las variantes no vinculadas a esta transmisión. La diferencia no significa que cada persona infectada contagie necesariamente a más individuos, sino que estas variantes se propagan con mayor rapidez a través de determinadas redes de contacto.
“Muchas personas no son conscientes del riesgo grave y creciente que representa la Shigella transmitida sexualmente”, advierte Kate Baker, coautora del estudio y profesora del Departamento de Genética de Cambridge. Con este en mente, Baker reclama estrategias específicas de prevención y vigilancia, porque las medidas habituales de higiene alimentaria no bastan para interrumpir esta vía de transmisión.
La bacteria se transmite por vía fecal-oral: basta con ingerir una cantidad muy pequeña de materia fecal contaminada. Durante las relaciones sexuales, esto puede ocurrir mediante el contacto directo o indirecto entre la boca y la región anal. No es necesario que haya penetración para que se produzca el contagio. La infección puede causar diarrea, fiebre, dolor abdominal y, en ocasiones, disentería, con presencia de sangre en las heces. Aunque muchas personas se recuperan sin antibióticos, los cuadros graves pueden provocar deshidratación y requerir hospitalización. Estudios previos citados por el equipo de Marshall indican que hasta un tercio de los pacientes con infecciones transmitidas sexualmente ha necesitado ingreso hospitalario, con estancias medias de cuatro o cinco días.
La segunda señal de alarma es la resistencia a los medicamentos. Al final del periodo analizado, más del 70 % de las variantes asociadas a la transmisión sexual presentaba resistencia a al menos un antibiótico clínicamente relevante. La proporción era del 40 % entre las variantes no vinculadas a esta vía y del 49 % en las infecciones asociadas a viajes.
Los científicos identificaron variantes resistentes a fármacos como la ceftriaxona, la azitromicina y la ciprofloxacina, utilizados para tratar distintas infecciones bacterianas. Una posible explicación es la denominada resistencia colateral: el uso de antibióticos para combatir otras infecciones puede favorecer la selección de bacterias resistentes presentes en el organismo. El estudio encontró indicios de que algunas variantes de Shigella adquirieron resistencia a medicamentos empleados contra otras infecciones de transmisión sexual, aunque esto no demuestra que cada tratamiento provoque directamente esa resistencia.
Los datos más recientes confirman que el problema continúa. Según la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido, Inglaterra registró 2.560 diagnósticos potencialmente asociados a la transmisión sexual en 2025, frente a 2.318 en 2024 y 2.052 en 2023. Además, más de la mitad de las muestras de S. sonnei analizadas ese año presentaba resistencia extensa, con marcadores de resistencia a las tres principales opciones terapéuticas de primera línea. Los datos del estudio también muestran que Shigella puede infectar a cualquier persona y también transmitirse por alimentos, agua o contacto con superficies contaminadas.
Por ello recomiendan utilizar barreras de protección durante las prácticas sexuales que impliquen contacto oral-anal, mantener una buena higiene y evitar las relaciones sexuales hasta al menos dos semanas después de la recuperación completa. Ante una diarrea intensa, persistente o con sangre, es importante acudir a un profesional sanitario e informar de posibles exposiciones sexuales para facilitar el diagnóstico y elegir el tratamiento adecuado.
“Esta enfermedad ha pasado de ser relativamente tratable con medicamentos habituales a estar cerca de ser intratable en el transcurso de aproximadamente una década”, advierte Baker. La afirmación refleja la preocupación de los autores: una infección conocida está encontrando nuevas vías de propagación mientras disminuyen algunas opciones terapéuticas. Detectar estos cambios y adaptar la prevención será fundamental para evitar que una enfermedad tratable se convierta en un problema sanitario cada vez más difícil de controlar.
Fuente larazon.es