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Colesterol que se hereda
Hay factores de riesgo cardiovascular que dependen en gran medida de nuestros hábitos: la alimentación, el ejercicio físico, el tabaquismo, el peso corporal, la tensión arterial o la diabetes.
Sin embargo, existe otro marcador mucho menos conocido por la población general que está determinado principalmente por la genética: la lipoproteína(a), conocida como Lp(a).
La Lp(a) es una partícula muy parecida al colesterol LDL, el popularmente llamado “colesterol malo”, pero presenta una característica distintiva. Lleva unida una proteína denominada apolipoproteína(a), que le confiere propiedades biológicas diferentes. Esta particularidad hace que pueda favorecer la formación de placas de aterosclerosis en las arterias, contribuir a procesos inflamatorios y participar en mecanismos relacionados con la trombosis.
Diversos estudios han demostrado que niveles elevados de Lp(a) se asocian con un mayor riesgo de enfermedad coronaria, infarto de miocardio, ictus isquémico y estenosis calcificada de la válvula aórtica. Este riesgo no aparece de forma aislada ni tiene el mismo significado en todos los pacientes: aumenta de manera progresiva y depende del contexto clínico global, incluyendo el colesterol LDL, la ApoB, la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo, la edad y los antecedentes familiares. Por eso, tener una Lp(a) elevada no significa que una persona vaya a sufrir necesariamente un evento cardiovascular, sino que presenta un factor de riesgo adicional que conviene conocer, interpretar y manejar con precisión. Suele considerarse elevada a partir de 50 mg/dL o 125 nmol/L.
Una de las características más importantes de la Lp(a) es que sus niveles permanecen relativamente estables durante toda la vida y apenas se modifican con la dieta o el ejercicio. Por este motivo, muchas sociedades científicas recomiendan medirla al menos una vez en la edad adulta, especialmente cuando existen antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular precoz.
Fuente larazon.es