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Correr para coger el autobús o subir rápidamente las escaleras reduce el riesgo de diabetes, artritis, infartos y demencia
Quedarse sin aliento unos pocos minutos al día disminuye la probabilidad de desarrollar ocho enfermedades importantes. Pero en unas patologías es más importante que en otras
Si bien se sabe que la actividad física intensa o vigorosa proporciona mayores beneficios para la salud que la actividad moderada, el espectro de estos beneficios en diferentes enfermedades crónicas y la importancia relativa de la intensidad frente al volumen de la actividad física aún no están claros.
Con el fin de dar respuestas a estos interrogantes, un equipo de investigadores han realizado un estudio de cohorte prospectivo de base poblacional en el que se incluyó a 96.408 participantes que forman parte del Biobanco del Reino Unido. Y los resultados hablan por sí solos.
Las personas que realizan alguna actividad vigorosa unos pocos minutos al día -de las que dejan sin aliento- tienen menos probabilidades de desarrollar ocho enfermedades importantes, entre ellas enfermedades inflamatorias inmunomediadas (que causan artritis), patologías cardíacas y respiratorias, diabetes tipo 2, enfermedad renal crónica y demencia.
Estos hallazgos respaldan la priorización, siempre que sea posible, de actividades de mayor intensidad en las intervenciones clínicas y de salud pública dirigidas a la prevención de enfermedades no transmisibles.
Esa es la conclusión de un estudio realizado por 12 investigadores pertenecientes a instituciones de Australia, Brasil, Chile, China, Corea del Sur, EEUU o Reino Unido y publicado hoy en la revista "European Heart Journal".
Para llegar a esta conclusión, los investigadores compararon sus niveles generales de actividad con la cantidad de actividad vigorosa y su consiguiente riesgo de padecer ocho enfermedades importantes.
Descubrieron que incluso breves periodos de actividad más intensa, como correr para alcanzar el autobús o subir rápidamente las escaleras, reducían el riesgo de enfermedad y muerte en general, pero resultaban especialmente protectores contra las enfermedades inflamatorias (como la artritis), las enfermedades cardiovasculares graves (infarto y derrame cerebral) y la demencia.
La investigación fue realizada por un equipo internacional que incluyó al profesor Minxue Shen de la Escuela de Salud Pública Xiangya de la Universidad Central del Sur, en Hunan, China
"Sabemos que la actividad física reduce el riesgo de enfermedades crónicas y muerte prematura, y cada vez hay más evidencia de que la actividad vigorosa proporciona mayores beneficios para la salud por minuto que la actividad moderada", afirma Shen en un comunicado.
"Sin embargo, persisten dudas sobre la importancia de la actividad intensa frente a la actividad física total. Por ejemplo, si dos personas realizan la misma cantidad total de actividad, ¿obtiene la persona que se ejercita con mayor vigor mayores beneficios para la salud? Y si alguien tiene poco tiempo, ¿debería centrarse en ejercitarse con mayor intensidad en lugar de durante más tiempo?", añade.
El estudio
Cada participante del estudio llevó un reloj inteligente en la muñeca durante una semana para medir con precisión su movimiento, incluyendo breves episodios de actividad física intensa que a menudo se olvidan.
Los investigadores utilizaron estas mediciones para cuantificar la actividad total de cada persona a lo largo de la semana y la proporción de actividad lo suficientemente intensa como para provocarles fatiga.
Compararon estos datos con la probabilidad de morir o desarrollar ocho afecciones graves de salud durante los siguientes siete años (enfermedad cardiovascular grave, arritmia cardíaca, diabetes tipo 2, enfermedades inflamatorias de origen inmunitario, enfermedad hepática, enfermedades respiratorias crónicas, enfermedad renal crónica y demencia).
El estudio revela que las personas que dedicaban una mayor proporción de su actividad física total a actividades vigorosas presentaban riesgos considerablemente menores de padecer todas las enfermedades.
Por ejemplo, en comparación con quienes no realizaban ninguna actividad vigorosa, aquellos con la mayor proporción tenían un 63% menos de riesgo de desarrollar demencia, un 60% menos de padecer diabetes tipo 2 y un 46% menos de morir. Estos beneficios de la actividad vigorosa se mantenían incluso cuando la duración era moderada.
Los investigadores también descubrieron que una mayor proporción de actividad física intensa era más importante en algunas enfermedades que en otras. Por ejemplo, en enfermedades inflamatorias como la artritis y la psoriasis, la intensidad era prácticamente el único factor determinante para reducir el riesgo. En otras, como la diabetes y la enfermedad hepática crónica, tanto la cantidad como la intensidad de la actividad eran importantes.
“La actividad física intensa parece desencadenar respuestas específicas en el cuerpo que la actividad de menor intensidad no puede replicar por completo. Durante la actividad física intensa, de la que te deja sin aliento, tu cuerpo responde de forma poderosa. Tu corazón bombea con mayor eficiencia, tus vasos sanguíneos se vuelven más flexibles y tu cuerpo mejora su capacidad para utilizar el oxígeno”, detalla Shen.
“La actividad física intensa también parece reducir la inflamación. Esto podría explicar por qué observamos una fuerte asociación con afecciones inflamatorias como la psoriasis y la artritis. Además, podría estimular la producción de sustancias químicas en el cerebro que contribuyen a mantener sanas las células cerebrales, lo que podría explicar el menor riesgo de demencia”, añade
Nuestros hallazgos sugieren que realizar actividad física vigorosa puede brindar beneficios sustanciales para la salud. Esto no requiere ir al gimnasio. Incorporar breves periodos de actividad que te dejen ligeramente sin aliento en tu vida diaria, como subir las escaleras rápidamente, caminar a paso ligero entre recados o jugar activamente con los niños, puede marcar una gran diferencia. Incluso 15 a 20 minutos por semana de este tipo de esfuerzo -tan solo unos minutos al día- se asociaron con beneficios significativos para la salud.
Las directrices actuales generalmente se centran en la cantidad de tiempo dedicado a la actividad física por semana. Nuestros hallazgos sugieren que la composición de esa actividad es importante, y lo es de manera diferente según las enfermedades que se intenten prevenir. Esto podría abrir la puerta a recomendaciones de actividad física más personalizadas, basadas en los riesgos específicos para la salud de cada persona.
La actividad física intensa puede no ser segura para todos, especialmente para los adultos mayores o las personas con ciertas afecciones médicas. Para ellos, cualquier aumento en la actividad física sigue siendo beneficioso, y esta debe adaptarse a cada individuo.
Fuente larazon.es