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Descubren la molécula responsable de la fuerza muscular durante el ejercicio
Fortalece los músculos, mejora el rendimiento deportivo y podría ser un tratamiento terapéutico para el daño muscular causado por la diabetes tipo 2.
Cuando hacemos ejercicio, pensamos que el beneficio está en el propio esfuerzo. Corremos y mejoramos nuestra resistencia. Levantamos peso y nuestros músculos se hacen más fuertes. Repetimos el entrenamiento durante semanas y nuestro cuerpo aprende a soportarlo mejor. Pero ¿cómo sabe un músculo que debe cambiar? La respuesta parece estar, al menos en parte, en las moléculas que el organismo libera mientras hacemos ejercicio. Un nuevo estudio de la Universidad de Leeds ha identificado una de ellas: L-β-aminoisobutyric acid, o L-BAIBA, una molécula que aumenta durante el ejercicio y que parece actuar como una señal para que el músculo se adapte.
Los resultados, publicados en Nature Communications, sugieren que L-BAIBA es necesaria para que el músculo responda adecuadamente al entrenamiento: favorece cambios que mejoran su capacidad metabólica y de contracción, aumenta el rendimiento físico y, además, puede protegerlo frente a algunos de los daños asociados a la diabetes tipo 2. Los hallazgos abren una puerta interesante: utilizar una de las señales químicas producidas naturalmente durante el ejercicio para intentar preservar la función muscular cuando hacer ejercicio resulta precisamente más difícil.
Sabemos desde hace tiempo que el ejercicio provoca una enorme transformación química en nuestro organismo. Cuando corremos, nadamos o levantamos pesas, los músculos necesitan más energía, modifican su metabolismo y activan mecanismos de reparación y adaptación. Pero ese proceso no ocurre únicamente dentro de las fibras musculares. Durante la actividad física, los músculos liberan al torrente sanguíneo diferentes moléculas que pueden actuar como señales para otros tejidos. Son los llamados exerkines, un término que combina ejercicio y citoquinas y que engloba proteínas y metabolitos liberados como consecuencia de la actividad física. L-BAIBA parece ser una de esas señales.
El estudio, liderado por Lee D. Roberts, indica que esta molécula no se limita a aparecer como una consecuencia del ejercicio, sino que participa activamente en la adaptación del músculo. “Nuestra investigación identifica L-BAIBA como una señal inducida por el ejercicio que ayuda a los músculos a adaptarse, mejora su capacidad metabólica y su capacidad de contracción y, en última instancia, aumenta el rendimiento físico”, explica Roberts. Así, no estaríamos simplemente ante una molécula que aumenta cuando hacemos ejercicio, sino ante una pieza del mecanismo mediante el cual el ejercicio consigue transformar nuestros músculos.
Hay que señalar que L-BAIBA no era una molécula completamente desconocida. El propio Roberts ya había estudiado esta molécula en 2014. Aquel estudio descubrió que podía producir efectos beneficiosos sobre el metabolismo y potenciar algunos de los efectos del ejercicio relacionados con la utilización de las grasas. Ahora, más de una década después, el nuevo estudio añade otra pieza al rompecabezas: L-BAIBA también parece intervenir directamente en la respuesta del músculo al entrenamiento.
Según el equipo de Roberts, la molécula desencadena cambios que permiten al músculo remodelarse, fortalecerse y mejorar su resistencia. En otras palabras, podría formar parte del mensaje que el músculo se envía a sí mismo después de haber sido sometido al esfuerzo. Es como si cada sesión de ejercicio dejara una pequeña instrucción química: “Prepárate para la próxima vez”.
La parte que puede tener mayores implicaciones médicas aparece cuando los investigadores estudiaron la relación con la diabetes tipo 2. Esta enfermedad no solo afecta al control de la glucosa. También puede producir alteraciones en el músculo, incluyendo pérdida de masa y fuerza, fatiga y cambios en el metabolismo muscular. Y ahí aparece una paradoja. El ejercicio es una de las herramientas más importantes para ayudar a controlar la diabetes tipo 2. Pero algunas personas que viven con la enfermedad pueden experimentar precisamente debilidad muscular y fatiga, lo que hace más difícil mantenerse físicamente activas.
Los hallazgos del equipo de Roberts sugieren que L-BAIBA puede proteger al músculo frente a parte de ese daño ayudando a preservar la función muscular y su capacidad para responder al esfuerzo, planteando la posibilidad de que pueda convertirse algún día en una herramienta terapéutica. “Esto nos proporciona una nueva visión muy interesante de cómo el ejercicio beneficia al organismo y señala un objetivo prometedor para futuras terapias destinadas a preservar la función muscular en enfermedades crónicas como la diabetes”, añade Roberts.
El estudio no demuestra que tomar L-BAIBA pueda sustituir al ejercicio. Tampoco demuestra que una persona pueda mejorar su rendimiento simplemente tomando esta molécula. Lo que han descubierto es un mecanismo biológico que parece participar en algunos de los cambios beneficiosos provocados por la actividad física. La diferencia es fundamental. El ejercicio no consiste en una única molécula. Cuando entrenamos, nuestro organismo modifica simultáneamente el metabolismo, el sistema cardiovascular, el sistema nervioso, las hormonas y numerosos procesos celulares. L-BAIBA podría ser una pieza importante de ese complejo mecanismo, pero no es “el ejercicio en una pastilla”.
Pero sí aporta luz sobre cómo vemos el ejercicio. Habitualmente pensamos en los músculos como máquinas. Los ponemos en movimiento, consumen energía y, con el tiempo, se hacen más fuertes. Pero la realidad es mucho más sofisticada. Cada vez que hacemos ejercicio, nuestros músculos están produciendo y liberando señales químicas. Algunas pueden viajar por la sangre y modificar el comportamiento de otros tejidos. Otras parecen actuar sobre el propio músculo para prepararlo para futuros esfuerzos. L-BAIBA podría ser una de esas señales.
Y eso abre una posibilidad atractiva para la medicina: si conseguimos comprender exactamente cómo funciona, quizá podamos aprovechar ese mecanismo cuando una enfermedad impide que el músculo responda normalmente al ejercicio. Quizá dentro de unos años L-BAIBA forme parte de una terapia capaz de proteger los músculos de personas con enfermedades metabólicas.
Fuente larazon.es