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Descubren por qué ellas viven más

Descubren por qué ellas viven más

Un nuevo estudio señala que los cromosomas sexuales determinan cómo el organismo afronta el cáncer, la salud cardiovascular y la longevidad.


Durante mucho tiempo, las diferencias entre hombres y mujeres frente a las enfermedades se han explicado principalmente a través de las hormonas sexuales. Estrógenos, testosterona y otras señales producidas por las gónadas parecían proporcionar buena parte de la respuesta. Pero el cuerpo lleva otra diferencia escrita en cada una de sus células: los cromosomas sexuales. Una revisión publicada en Science reúne ahora las evidencias que muestran que los cromosomas X e Y no solo determinan el sexo biológico, sino que pueden influir durante toda la vida en cómo envejecen las células, cómo responde el sistema inmunitario y cómo aparecen y evolucionan enfermedades como el cáncer o las cardiovasculares.

“Los cromosomas X e Y suelen considerarse simples determinantes del sexo biológico, pero su papel en la salud humana es mucho mayor – señala Dan Theodorescu, líder del estudio -. Estos cromosomas contienen instrucciones genéticas que determinan cómo envejecen nuestras células y cómo nuestro organismo se defiende frente a enfermedades importantes a lo largo de nuestra vida”.
La diferencia comienza con una aparente desventaja femenina que, paradójicamente, puede convertirse en una reserva genética. Las mujeres tienen dos cromosomas X y los hombres uno. Para evitar una dosis excesiva de los genes del X, las células femeninas inactivan en gran medida uno de ellos durante el desarrollo. Pero esa inactivación no es completa: algunos genes permanecen activos en las dos copias y otros pueden volver a activarse con el envejecimiento. Como resultado, determinadas células femeninas pueden disponer de una dosis doble de ciertos genes que las masculinas no tienen.

El efecto puede ser todavía más complejo. En las mujeres, cada célula utiliza como X activo el heredado de la madre o el del padre. Estudios realizados en ratones indican que esa elección puede tener consecuencias sobre el envejecimiento cerebral: los animales cuyas células dependían principalmente del X materno mostraron un envejecimiento cerebral y un deterioro de la memoria más rápidos. Es una evidencia experimental, no una demostración de que el mismo mecanismo determine el envejecimiento humano, pero ilustra hasta qué punto el cromosoma X puede intervenir más allá del desarrollo sexual.
El envejecimiento introduce otra diferencia. Algunas células pierden cromosomas sexuales. En las mujeres, la pérdida de uno de los X se ha relacionado con un mayor riesgo de leucemia. En los hombres, la pérdida del Y (un fenómeno conocido como LOY) es relativamente frecuente con la edad y se ha asociado con cáncer, enfermedad cardiovascular, infecciones graves y enfermedad de Alzheimer. Estudios recientes sugieren además que la pérdida del Y puede aparecer en tejidos que todavía parecen normales antes de que se desarrolle un tumor, lo que plantea la posibilidad de utilizarla como señal temprana de riesgo.

El cáncer ofrece quizá el ejemplo más claro de que el cromosoma Y no es genéticamente prescindible. El grupo de Theodorescu ha demostrado que, cuando determinados tumores pierden el Y, pueden escapar con mayor facilidad de la vigilancia del sistema inmunitario. Al mismo tiempo, esos tumores pueden responder mejor a determinados tratamientos de inmunoterapia. “En cáncer, por ejemplo, nuestro laboratorio ha descubierto que los tumores que pierden el cromosoma Y pueden evadir el sistema inmunitario, pero también pueden responder mejor a la inmunoterapia - añade Theodorescu -. Comprender esta biología podría ayudarnos a adaptar el tratamiento”.
La revisión amplía esta perspectiva a otras enfermedades. Los genes de X e Y intervienen en procesos relacionados con la inmunidad, el metabolismo, el envejecimiento cerebral y la función cardiovascular. Por eso, dos personas con una enfermedad aparentemente idéntica pueden no tener exactamente la misma respuesta biológica dependiendo, entre otros factores, de su complemento cromosómico. La importancia del trabajo está precisamente ahí. No se trata de sustituir la explicación hormonal por otra basada en los cromosomas, sino de añadir una pieza que durante años recibió menos atención. Hormonas y cromosomas interactúan y, además, el efecto puede cambiar con la edad, el tejido y la enfermedad.
Para el equipo de Theodorescu, esa información debería acabar llegando también a la medicina. Si los cromosomas sexuales modifican el riesgo de enfermedad y la respuesta a los tratamientos, los ensayos clínicos deberían tener en cuenta esas diferencias desde su diseño. “Nuestra esperanza es que esta revisión estimule nuevas investigaciones y aumente la conciencia sobre el enorme potencial de estudiar los cromosomas X e Y en el cáncer y otras enfermedades”, concluye Theodorescu.
El resultado es una imagen más compleja del sexo biológico. X e Y no son solo las dos letras que ponen en marcha el desarrollo de un organismo masculino o femenino. Permanecen dentro de las células durante décadas, influyendo en su metabolismo, en su envejecimiento y en la manera en que responden cuando algo empieza a fallar. Y esa diferencia genética puede ser una de las razones por las que hombres y mujeres no enferman, envejecen ni responden siempre de la misma manera.

 

Fuente larazon.es