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Estos son los movimientos que los entrenadores consideran imprescindibles que una persona pueda realizar a sus 50 años

Estos son los movimientos que los entrenadores consideran imprescindibles que una persona pueda realizar a sus 50 años

Más que perseguir una determinada marca en el gimnasio, conservar ciertos movimientos cotidianos permite saber hasta qué punto seguimos manteniendo fuerza, equilibrio, movilidad y autonomía


Cumplir 50 años no implica tener que adaptar el cuerpo a una tabla de ejercicios diseñada específicamente para una edad determinada. La condición física depende de numerosos factores, desde el historial deportivo y las lesiones hasta la movilidad, la fuerza o las características anatómicas de cada persona. Por eso, cuando se habla de envejecimiento saludable, una de las referencias más útiles no está necesariamente en cuánto peso se levanta, sino en qué cosas somos capaces de seguir haciendo sin ayuda.
La idea coincide con las recomendaciones del National Institute on Aging (NIA), que relaciona la actividad física con la capacidad para realizar tareas cotidianas como levantarse de una silla, subir escaleras o desplazarse con autonomía. Además, sus orientaciones combinan fuerza, actividad aeróbica, equilibrio y flexibilidad, en lugar de centrarse en un único tipo de ejercicio.

Levantarse de una silla: una acción cotidiana que dice mucho
Ponerse de pie desde una silla sin apoyarse en los brazos parece una acción demasiado sencilla como para considerarla una prueba física. Sin embargo, requiere la participación coordinada de piernas y tronco y reproduce un gesto que hacemos constantemente en casa, en el trabajo o al salir de un vehículo.
Los cuádriceps y los glúteos tienen un papel especialmente importante, pero también intervienen el equilibrio y el control del movimiento. De hecho, la capacidad para levantarse varias veces de una silla forma parte de algunas evaluaciones funcionales utilizadas para estudiar la movilidad en personas mayores. Si este gesto empieza a resultar progresivamente más difícil, puede ser una señal para prestar atención a la fuerza de las piernas, especialmente si antes se realizaba con facilidad.

Llegar al suelo y volver a ponerse de pie
Hay otro movimiento cotidiano que reúne varias capacidades físicas a la vez: bajar hasta el suelo y regresar a la posición de pie. Para hacerlo intervienen la movilidad de tobillos, rodillas y caderas, además de fuerza, coordinación y equilibrio. Su importancia tampoco es meramente deportiva. Poder incorporarse después de una caída puede reducir el tiempo que una persona permanece en el suelo esperando ayuda.
Eso sí, convertirlo en una prueba absoluta sería un error. Una lesión, una operación, dolor articular, miedo a caer o determinadas limitaciones de movilidad pueden dificultar el movimiento sin que ello permita extraer por sí solo una conclusión sobre el estado físico general.

Mantener el equilibrio sobre una sola pierna
El equilibrio cambia con la edad y entrenarlo forma parte de las recomendaciones para conservar la movilidad y reducir el riesgo de caídas. El NIA incluye precisamente mantenerse sobre un pie entre los ejercicios sencillos que pueden practicar las personas mayores.
Lo importante no es aguantar el máximo tiempo posible, sino comprobar si el cuerpo permanece estable. Balancear exageradamente los brazos, inclinar el tronco o necesitar continuos apoyos puede indicar que existe margen para trabajar esta capacidad. Por seguridad, cualquier prueba de este tipo debe hacerse junto a una pared o una superficie firme, especialmente si existe inestabilidad previa.

Agacharse, levantar los brazos y girar
Tampoco hace falta realizar una sentadilla profunda perfecta. La profundidad que alcanza cada persona depende de su anatomía, movilidad y antecedentes. Lo relevante es conservar la capacidad de bajar y volver a subir con control y sin dolor, incluso utilizando una silla como apoyo si es necesario.
Algo parecido ocurre con los brazos y el tronco. Poder elevar los brazos por encima de la cabeza facilita vestirse, peinarse o alcanzar objetos situados en un estante. Girar el torso con comodidad resulta útil para acciones tan habituales como mirar hacia atrás al aparcar. La movilidad, por tanto, no es un concepto abstracto: se manifiesta en gestos que repetimos cientos de veces.

Caminar y cambiar de dirección sin perder estabilidad
Caminar a un ritmo razonable y modificar la dirección sin tambalearse completa este pequeño mapa de funcionalidad. Las recomendaciones internacionales combinan precisamente actividad aeróbica, fortalecimiento y ejercicios de equilibrio; a partir de los 65 años, la OMS pone un énfasis adicional en el equilibrio y la coordinación.
La cuestión no consiste en superar una prueba de gimnasio, sino en conservar opciones. Poder levantarse, agacharse, girar, caminar, subir escaleras o recuperar la verticalidad significa que el cuerpo sigue respondiendo a las exigencias de la vida diaria. Y esa capacidad funcional es, en última instancia, una de las formas más prácticas de medir la autonomía.

 

Fuente larazon.es