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El entrenamiento perfecto para mantenerse activo a la tercera edad
Con constancia, supervisión adecuada y ejercicios adaptados, es posible mantenerse activo, fuerte y autónomo durante más años, disfrutando de una vida plena y saludable
Mantenerse activo en la tercera edad no es solo una cuestión estética, sino una inversión directa en salud, autonomía y calidad de vida. Con el paso de los años, el cuerpo pierde masa muscular, densidad ósea y capacidad cardiovascular, pero el ejercicio adecuado puede frenar e incluso revertir parte de ese proceso. La clave no está en entrenamientos extremos, sino en una rutina equilibrada, constante y adaptada a cada persona.
Los especialistas coinciden en que el plan ideal combina fuerza, movilidad, equilibrio y resistencia cardiovascular. Esta combinación no solo ayuda a prevenir enfermedades crónicas, sino que reduce el riesgo de caídas, mejora el estado de ánimo y favorece la independencia funcional en las tareas cotidianas.
Fuerza y equilibrio: la base de la autonomía
El entrenamiento de fuerza es fundamental a partir de los 60 años. Trabajar los grandes grupos musculares dos o tres veces por semana ayuda a conservar la masa muscular y proteger las articulaciones. Ejercicios sencillos como sentadillas asistidas, elevaciones de talones, flexiones contra la pared o el uso de bandas elásticas pueden marcar una gran diferencia.
La pérdida de equilibrio es uno de los factores que más influyen en las caídas. Por eso, incluir ejercicios específicos como mantenerse sobre un solo pie, caminar en línea recta o practicar movimientos controlados mejora la estabilidad. Actividades como el taichí o el yoga adaptado también fortalecen la coordinación y la conciencia corporal.
Además, el trabajo de fuerza contribuye a mantener la densidad ósea, reduciendo el riesgo de osteoporosis. Un cuerpo más fuerte no solo responde mejor ante un tropiezo, sino que también facilita tareas diarias como subir escaleras, cargar bolsas o levantarse de una silla sin ayuda.
Resistencia y movilidad para un corazón saludable
La actividad cardiovascular moderada es otro pilar esencial. Caminar a paso ligero, nadar, montar en bicicleta estática o bailar son opciones seguras y efectivas. Lo recomendable es acumular al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, distribuidos en varios días.
Este tipo de ejercicio mejora la salud del corazón, regula la presión arterial y ayuda a controlar el peso. También tiene un impacto positivo en la memoria y la función cognitiva, ya que favorece la circulación sanguínea hacia el cerebro.
La movilidad y los estiramientos completan el programa ideal. Dedicar unos minutos al inicio y al final de cada sesión para movilizar articulaciones y estirar músculos previene lesiones y mantiene la flexibilidad. Conservar un buen rango de movimiento facilita actividades tan simples como agacharse o girar el torso.
Antes de iniciar cualquier rutina, es aconsejable realizar una revisión médica, especialmente si existen patologías previas. El entrenamiento debe adaptarse a la condición física individual y progresar de manera gradual.
En definitiva, el entrenamiento perfecto en la tercera edad no busca récords ni marcas personales, sino bienestar integral. Con constancia, supervisión adecuada y ejercicios adaptados, es posible mantenerse activo, fuerte y autónomo durante más años, disfrutando de una vida plena y saludable.
Fuente larazon.es