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Hormonas sexuales masculinas contra las alergias
Un estudio en ratones muestra que los andrógenos favorecen las conexiones del sistema nervioso simpático en el pulmón y la liberación de noradrenalina, reduciendo la inflamación alérgica.
Hay una paradoja en el asma que los médicos conocen desde hace tiempo. Durante la infancia, la enfermedad es más frecuente en los niños que en las niñas. Pero esa diferencia cambia con la pubertad, A partir de esta etapa, el asma pasa a ser más habitual en las mujeres. Ahora, un estudio realizado en ratones apunta a una posible explicación que añade una pieza inesperada al rompecabezas: las hormonas sexuales masculinas podrían modificar los nervios que recorren los pulmones y, a través de ellos, reducir la respuesta alérgica.
El estudio, realizado por científicos de la Universidad de Zhejiang y publicado en Science, muestra que los andrógenos, entre ellos la testosterona, favorecen el desarrollo de conexiones del sistema nervioso simpático en el tejido pulmonar. Estas fibras liberan noradrenalina, un neurotransmisor que puede frenar determinados componentes de la respuesta inmunitaria. El resultado es una cadena de comunicación que conecta tres sistemas: hormonas, sistema nervioso e inmunológico.
Para estudiar esta relación, los autores, liderados Jing Yang, utilizaron ratones expuestos a ácaros del polvo doméstico, uno de los alérgenos empleados para reproducir características del asma alérgica. Las hembras desarrollaron una respuesta inflamatoria de tipo 2 más intensa que los machos. En sus pulmones se acumularon más eosinófilos y células linfoides innatas de tipo 2, conocidas como ILC2, y aumentaron las concentraciones de varias moléculas relacionadas con la inflamación, entre ellas las citocinas IL-4, IL-5 e IL-13. Las ILC2 desempeñan un papel importante en las alergias porque contribuyen a mantener la llamada respuesta inmunitaria de tipo 2 y producen señales que favorecen, entre otros efectos, la acumulación de eosinófilos en las vías respiratorias.
La diferencia entre ambos sexos desapareció en buena medida cuando el equipo de Yang eliminó quirúrgicamente las gónadas de los animales antes de exponerlos al alérgeno. Y cuando administraron testosterona a los ratones a los que se habían retirado las gónadas, disminuyeron de nuevo la infiltración de células inmunitarias y la producción de moléculas inflamatorias. El resultado apuntaba hacia las hormonas sexuales como una de las causas de la diferencia observada.
Pero el equipo de Yang descubrió que los andrógenos no actuaban únicamente sobre las células inmunitarias. También influían en las neuronas del pulmón. Estas células expresan el receptor de andrógenos, la proteína que permite responder a las hormonas masculinas. Cuando analizaron estas neuronas, encontraron cambios en la expresión de genes relacionados con su desarrollo.
La consecuencia podía observarse directamente en el tejido pulmonar. Los machos con sus hormonas sexuales intactas presentaban una mayor densidad de fibras nerviosas simpáticas que los animales a los que se habían eliminado las gónadas. La testosterona, por tanto, parecía favorecer la presencia de una red neuronal capaz de comunicarse con el sistema inmunitario.
Para comprobar si esas conexiones eran realmente importantes, los autores eliminaron el receptor de andrógenos específicamente de las neuronas simpáticas. Cuando estos ratones fueron expuestos a los ácaros del polvo, desarrollaron una mayor acumulación de eosinófilos y un aumento de determinadas señales inflamatorias. También mostraron una mayor hiperreactividad de las vías respiratorias.
La pieza que une las neuronas con la inflamación es la noradrenalina. Las fibras simpáticas del pulmón la liberan, y las células inmunitarias poseen receptores capaces de responder a ella. En experimentos realizados con ILC2, los investigadores comprobaron que la noradrenalina reducía la producción de IL-5, una citocina que contribuye al reclutamiento de eosinófilos.
Así aparece una posible cadena de acontecimientos: los andrógenos activan sus receptores en las neuronas simpáticas; estas desarrollan una mayor presencia en el pulmón; las fibras nerviosas liberan noradrenalina y esta señal reduce parte de la respuesta inflamatoria. Una hormona sexual termina influyendo en la actividad de las células inmunitarias a través del sistema nervioso.
El mecanismo podría ayudar a explicar por qué el asma cambia de frecuencia durante la vida. El aumento de las hormonas sexuales que acompaña a la pubertad podría contribuir a reducir la inflamación alérgica en algunos varones mediante esta vía. Sin embargo, los autores no presentan la testosterona como la única explicación. Las hormonas sexuales femeninas también pueden modificar la respuesta inmunitaria y la función de las vías respiratorias.
El hallazgo, además, no significa que la testosterona pueda utilizarse ya como tratamiento contra el asma. Todo el trabajo se ha realizado en ratones, y todavía es necesario determinar si este circuito funciona de la misma manera en humanos. Administrar hormonas sexuales tendría, además, efectos sobre numerosos tejidos del organismo.
Su interés terapéutico podría estar precisamente en otro lugar. Si la protección depende en parte de una vía que conecta los receptores de andrógenos de las neuronas con la liberación de noradrenalina, en el futuro podría ser posible actuar sobre alguno de sus componentes sin administrar testosterona de forma generalizada.
Fuente larazon.es