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La globalización en los hábitos alimenticios aumenta los trastornos gastrointestinales
La incorporación de patrones dietéticos cada vez más internacionalizados se asocia con cambios en la microbiota intestinal y en la función digestiva
Los cambios en los hábitos alimentarios en las últimas décadas están influyendo en la salud digestiva de la población. La globalización alimentaria, el auge del consumo rápido y la incorporación de patrones dietéticos cada vez más internacionalizados han transformado la manera de comer.
Preparaciones instantáneas, comida rápida, productos ultraprocesados o comidas con menor presencia de legumbres, verduras y fibra forman parte de una tendencia conocida como “dieta occidentalizada”, vinculada con alteraciones metabólicas y digestivas.
Diversos estudios han puesto de manifiesto que estos cambios en los patrones dietéticos se asocian con alteraciones en la microbiota intestinal y con un entorno proinflamatorio que puede influir en una mayor presencia de síntomas gastrointestinales. Con motivo del Día Mundial de la Salud Digestiva, que se celebra hoy, los expertos ponen la atención en cómo estos factores pueden influir en la aparición de trastornos digestivos funcionales, un grupo de patologías cuya prevalencia se estima en más del 40% de la población mundial, caracterizadas por síntomas persistentes sin alteraciones estructurales visibles en las pruebas diagnósticas habituales.
La dispepsia funcional, por ejemplo, se sitúa como uno de los trastornos digestivos funcionales más frecuentes en la práctica clínica. En nuestro país, supone el 8,2% de las consultas en atención primaria y hasta el 40% de las visitas especializadas, si bien se estima que solo la mitad de las personas con síntomas llega a consulta. Se caracteriza por la presencia de dolor o molestia en la parte alta del abdomen, sensación de plenitud tras las comidas o saciedad precoz, síntomas persistentes en ausencia de una causa orgánica identificable.
Tal y como explica Luis Herrera, director médico de Schwabe, “la globalización alimentaria no solo ha cambiado qué comemos, también cómo lo comemos. Hemos incorporado patrones más rápidos, comidas preparadas, horarios irregulares y opciones cada vez más alejadas de nuestra dieta mediterránea. Este cambio de hábitos forma parte del contexto que puede dar lugar a la aparición de trastornos digestivos funcionales”.
Cuando la forma de comer cambia, también lo hace la salud digestiva
Según el informe más reciente de "The Lancet" sobre salud y cambio climático, 11,8 millones de muertes se asociaron a dietas desequilibradas. Los actuales patrones de consumo en países con economías avanzadas, caracterizados por un elevado consumo de alimentos de origen animal y productos altamente procesados, se relacionan con un mayor riesgo de enfermedades crónicas y con importantes desafíos para la salud pública.
Este cambio en los modelos de alimentación también está modificando el perfil de muchas patologías digestivas, cada vez más vinculadas a factores relacionados con el estilo de vida y los hábitos cotidianos. En el caso de la dispepsia funcional, los especialistas señalan que su abordaje requiere tener en cuenta los síntomas y el contexto alimentario y social en el que aparecen. Aspectos como la forma de comer, la frecuencia de las ingestas o la identificación de alimentos desencadenantes pueden formar parte de su abordaje.
“El aumento de los patrones de alimentación desequilibrados refleja un cambio más amplio en los factores que influyen en la salud a nivel poblacional. En el ámbito digestivo, la dispepsia funcional ilustra cómo estos cambios pueden interactuar con una clínica compleja y variable, que requiere un abordaje individualizado para su adecuado manejo” señala Luis Herrera.
Fuente larazon.es