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La pesadilla de los metales pesados
El organismo no los asimila y son nocivos, amén de difíciles de eliminar
Cada día es más frecuente encontrar a personas con problemas derivados de la acumulación de metales pesados. La realidad es que apenas se somete a la población a analíticas de cabello para detectarlos. Tan sólo cuando hay casos severos de dolencias sin explicación, algunos médicos piden una revisión al respecto. En verdad, no deberíamos tener depósitos con este tipo de sustancias, pues el organismo no los asimila y son nocivos, amén de difíciles de eliminar. En buena parte de los muestreos que se hacen, el resultado suele ser positivo en algún tipo de metal, siendo el mercurio el más habitual. Un exceso de mercurio, como de plomo, cadmio, hierro o cobre, puede ocasionar todo tipo de patologías, que se agravan si no se disminuye su presencia. El plomo es una potente neurotoxina. El arsénico, un carcinógeno. El mercurio se acumula a través de peces como el atún o el pez espada, y es una amenaza para la salud neurológica. El cadmio se pega en el cuerpo y afecta a los riñones. El aluminio genera problemas neurológicos.
Eliminar estos metales no resulta fácil por métodos tradicionales, entre ellos la quelación. Aunque la buena noticia es que, dado que nuestro organismo posee sistemas para eliminar tóxicos, hay alimentos que facilitan esa tarea, siempre que se sea persistente. Los alimentos adecuados pueden optimizar estos procesos naturales. Todas las verduras ricas en azufre (ajo, cebolla, brócoli, coles de Bruselas) se unen a metales como el cadmio, el plomo y el mercurio, ayudando a eliminarlos. Las de hoja verde (espinacas, col rizada, cilantro) contrarrestan el daño celular. El cilantro puede ayudar a movilizar el plomo y el mercurio, igual que la curcumina de la cúrcuma. Y por supuesto la fibra, que se une a metales pesados en el intestino, impidiendo su absorción y eliminándolos en las heces.
Fuente larazon.es