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Un científico español descubre que la granada puede mejorar el dolor, la ansiedad e inflamación del intestino irritable
Una investigación de la Universidad de Extremadura describe cómo los pacientes experimentaron un «alivio clínico espectacular» al utilizar extracto de granada combinado con probióticos
El zumo de granada se ha ganado un lugar entre las bebidas naturales más estudiadas por sus propiedades antioxidantes. Sin embargo, el interés científico por esta fruta de color rojo intenso empieza a ir mucho más allá de su contenido en vitaminas y polifenoles. Una investigación española acaba de encontrar resultados prometedores sobre uno de los problemas digestivos más frecuentes: el síndrome del intestino irritable, una alteración que afecta aproximadamente al 8% de la población española y que puede provocar dolor abdominal recurrente, hinchazón, diarrea y estreñimiento.
El hallazgo procede de una tesis doctoral de la Universidad de Extremadura realizada por Víctor Caballero Fernández, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, que ha estudiado cómo determinados compuestos de la granada interactúan con las bacterias intestinales y qué consecuencias podría tener esa relación sobre la salud digestiva.
Caballero describe «un alivio clínico espectacular» en varias de las puntuaciones que registró a través de un ensayo clínico preliminar con 18 adultos diagnosticados de síndrome del intestino irritable. En concreto, el investigador observó mejoras en la consistencia de las deposiciones, una reducción del dolor abdominal y menores puntuaciones de ansiedad tras administrar un extracto de granada rico en punicalagina combinado con probióticos.
Los resultados abren una posible vía de investigación para el tratamiento nutricional de esta enfermedad, aunque todavía no permiten recomendar el zumo de granada como remedio contra el colon irritable. La diferencia es importante: la intervención utilizó un preparado específico y concentrado, no un zumo comercial, y el reducido número de participantes exige interpretar las conclusiones con cautela.
La sustancia de la granada que podría proteger el intestino
La protagonista de la investigación es la punicalagina, un compuesto de la familia de los elagitaninos que se encuentra en la granada y destaca por su actividad antioxidante. Pero su interés no reside únicamente en la capacidad de intervenir en procesos asociados al estrés oxidativo. Lo realmente llamativo es lo que ocurre cuando entra en contacto con la microbiota intestinal, el conjunto de microorganismos que habitan en nuestro aparato digestivo.
La tesis, titulada 'Estudio de la composición, biotransformación y bioactividad de un suplemento alimenticio de granada (Punica granatum L.) en cultivos celulares, animales de experimentación y humanos', ha identificado mecanismos por los que determinadas bacterias, como Lactiplantibacillus plantarum, son capaces de transformar la punicalagina y liberar ácido elágico. Este proceso modifica la composición de los compuestos disponibles en el intestino y podría influir en su actividad biológica.
Para comprenderlo, los investigadores desarrollaron una primera fase experimental con cultivos celulares humanos sometidos a estrés químico. Al comparar el extracto original de granada con otro previamente transformado por microorganismos, observaron que el extracto biotransformado ofrecía una mayor protección de la barrera intestinal, una estructura fundamental para regular el paso de sustancias entre el contenido digestivo y el organismo.
Los resultados también apuntaron a una mejor conservación de determinadas proteínas que participan en las uniones entre las células intestinales. Se trata de un mecanismo especialmente interesante para estudiar la función protectora del intestino, aunque estos efectos se observaron en condiciones de laboratorio y no constituyen, por sí solos, una demostración de eficacia en personas.
La investigación incluyó además experimentos con ratas durante diez semanas. En este modelo, la suplementación con extracto de granada atenuó determinados indicadores de daño oxidativo y acumulación de grasa visceral asociados a una alimentación con proteínas oxidadas. Estos hallazgos aportaron información complementaria sobre su actividad biológica antes de trasladar el estudio a pacientes.
Menos dolor abdominal y mejoras en el tránsito intestinal después de 30 días
La parte más relevante de la tesis llegó con el ensayo en humanos. Los investigadores distribuyeron aleatoriamente a un grupo de personas adultas diagnosticadas de síndrome del intestino irritable en dos grupos. Durante 30 días, nueve participantes recibieron un preparado con extracto de granada rico en punicalagina y probióticos, mientras que los otros nueve tomaron un placebo.
El diseño fue doble ciego, de manera que ni los participantes ni quienes evaluaban directamente los resultados conocían qué tratamiento había recibido cada persona.
Al finalizar el periodo de seguimiento, el investigador describió una mejoría clínica que calificó de «alivio clínico espectacular, estabilizando la consistencia de las heces, atenuando el dolor abdominal y reduciendo las puntuaciones de ansiedad». Para valorar estos cambios se utilizaron herramientas clínicas como la escala de Bristol, la escala visual analógica del dolor y la escala de Goldberg.
El análisis sanguíneo también identificó reducciones en determinados biomarcadores de estrés glicooxidativo e inflamación, incluida la proteína C reactiva. Además, el estudio de muestras de sangre, orina y heces detectó modificaciones en diferentes metabolitos, entre ellos el GABA, una sustancia relacionada con la señalización del sistema nervioso.
Estos resultados apuntan hacia el denominado eje intestino-cerebro, que conecta el aparato digestivo con el sistema nervioso. Su funcionamiento ha despertado un creciente interés científico por la relación que existe entre las molestias intestinales, la respuesta al estrés y determinados síntomas emocionales.
No obstante, la investigación todavía tiene limitaciones importantes. Al tratarse de solo nueve participantes por grupo y un seguimiento de un mes, no es posible establecer si los beneficios se mantienen a largo plazo. Tampoco puede determinarse qué parte de la mejoría corresponde al extracto de granada y cuál a los probióticos, ya que ambos se administraron conjuntamente.
Un problema digestivo que afecta al 8% de los españoles
La importancia de estos hallazgos se comprende mejor al observar la dimensión del síndrome del intestino irritable en España. Según la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD), afecta aproximadamente al 8% de la población y constituye uno de los motivos habituales de consulta por problemas gastrointestinales.
Su diagnóstico puede resultar complejo. La organización señala que solo el 19% de los pacientes con este síndrome derivados al especialista recibe el diagnóstico en la primera consulta, mientras que el 56% necesita hasta cinco consultas para obtenerlo. Esta cifra se refiere al número de visitas médicas y no debe confundirse con un retraso medio de cinco años.
Además del dolor abdominal, la enfermedad puede alterar significativamente la vida cotidiana. Los episodios de diarrea, estreñimiento o distensión abdominal condicionan la alimentación, las relaciones sociales y la actividad laboral. En muchos casos, el miedo a experimentar una crisis se convierte en una preocupación adicional.
En este contexto, la investigación de la Universidad de Extremadura representa un paso preliminar hacia una mejor comprensión de cómo los compuestos vegetales y las bacterias intestinales podrían utilizarse conjuntamente en futuras estrategias nutricionales.
Pero ¿significa esto que beber zumo de granada puede aliviar el intestino irritable? Todavía no. El preparado empleado en el estudio tenía una composición específica y contenía probióticos, por lo que sus resultados no pueden trasladarse directamente al consumo habitual de zumo.
Lo que sí plantea la tesis es la posibilidad científica de ciertos compuestos de la granada pueden transformar biológicamente nuestra microbiota y abre la puerta a realizar más estudios sobre sus beneficios en la salud intestinal.
Fuente larazon.es