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¿Es mejor la sal marina o la yodada? Cuál es la mejor y por qué se recomienda usarla

¿Es mejor la sal marina o la yodada? Cuál es la mejor y por qué se recomienda usarla

La elección entre sal marina y sal yodada no solo es una cuestión de sabor, sino también de salud pública y necesidades nutricionales


No hay alegría en la comida sin sal. Está siempre al alcance de la mano, se usa casi sin pensar (a veces, en exceso) y forma parte de casi cualquier receta, sea moderna o tradicional. Sin embargo, su aparente simplicidad esconde decisiones que pueden influir en el bienestar a largo plazo.
La sal es uno de esos productos esenciales. Aunque su consumo debe ser moderado, sigue siendo imprescindible tanto para realzar el sabor de los alimentos como para el funcionamiento del organismo. Pero al situarnos frente a la estantería del supermercado surge una duda frecuente: ¿es preferible la sal marina, percibida como más natural, o la sal yodada, recomendada por muchos especialistas?

¿Es mejor la sal marina o la yodada?
El primer punto en el que coinciden los expertos es la necesidad de no excederse. La Organización Mundial de la Salud aconseja no superar los cinco gramos diarios, mientras que organismos como la Sociedad Alemana de Nutrición elevan ligeramente esa cifra hasta los seis gramos para adultos. En la práctica, muchas personas superan estas recomendaciones sin darse cuenta, ya que buena parte del sodio procede de alimentos procesados.
Reducir la cantidad total sigue siendo más importante que elegir un tipo concreto de sal. No obstante, la composición sí puede marcar diferencias relevantes.

En qué se diferencian realmente?
Aunque a menudo se presentan como productos muy distintos, todas las sales tienen un componente principal común: el cloruro de sodio. Lo que cambia es su origen y, en algunos casos, los nutrientes añadidos.

La sal marina se obtiene mediante la evaporación del agua de mar en grandes superficies poco profundas. La sal de roca, por su parte, se extrae de depósitos subterráneos formados hace millones de años, mientras que la sal refinada suele pasar por procesos de purificación antes de llegar al consumidor.

La sal yodada no es un tipo independiente, sino cualquier sal a la que se le ha añadido yodo en cantidades reguladas. Este mineral es clave para la función tiroidea, que controla procesos como el metabolismo o el desarrollo neurológico.

Diversas autoridades sanitarias llevan décadas alertando sobre la falta de yodo en la dieta de parte de la población europea. Según la Organización Mundial de la Salud y UNICEF, la yodación de la sal es una de las estrategias más eficaces y económicas para prevenir trastornos derivados de esta carencia, como el bocio o problemas cognitivos en etapas tempranas.

Por este motivo, muchos especialistas recomiendan optar por sal yodada cuando no existen contraindicaciones médicas. Su consumo moderado puede contribuir a cubrir las necesidades diarias sin requerir grandes cambios en la alimentación.

Un estudio de la revista alemana especializada en consumo Öko-Test examinó varias sales yodadas disponibles en el mercado europeo y concluyó que la mayoría ofrecía una calidad satisfactoria. Los ingredientes potencialmente problemáticos resultaron poco frecuentes, aunque sí se detectó un elemento que genera debate: los antiaglomerantes.

Cerca de tres cuartas partes de los productos evaluados contenían ferrocianuro de sodio (E535), un compuesto que evita que la sal se apelmace. Está autorizado por las autoridades alimentarias, pero algunas organizaciones de consumidores consideran que podría ser prescindible, especialmente cuando existen alternativas.

Las sales con certificación ecológica, por ejemplo, no lo incluyen. También hay soluciones domésticas sencillas, como añadir unos granos de arroz al salero para absorber la humedad, que ayudan a mantener la textura sin necesidad de aditivos.

¿Es la sal marina más saludable?
Existe la creencia de que la sal marina contiene más minerales y, por tanto, es superior desde el punto de vista nutricional. Sin embargo, instituciones como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) recuerdan que esas trazas suelen ser tan pequeñas que no tienen un impacto significativo en la dieta.
La principal diferencia práctica es que, salvo que esté enriquecida, la sal marina no aporta yodo. Por ello, sustituir completamente la sal yodada por otra sin este mineral podría reducir su ingesta.

Más que enfrentar ambos productos, los expertos coinciden en una idea central: usar poca sal y elegirla con criterio. Para la mayoría de la población, la opción yodada representa una herramienta sencilla para prevenir deficiencias nutricionales, siempre dentro de un consumo responsable.

 

Fuente larazon.es