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Estas son las tazas de café o de té que has de tomar para reducir el riesgo de demencia y preservar la función cognitiva
Los investigadores compararon cómo el café con cafeína, el té y el café descafeinado influyeron en el riesgo de demencia y la salud cognitiva de cada participante durante más de cuatro décadas
La prevención temprana es especialmente crucial para la demencia, ya que los tratamientos actuales son limitados y suelen ofrecer solo un beneficio modesto una vez que aparecen los síntomas. El enfoque en la prevención ha llevado a los investigadores a investigar la influencia de factores del estilo de vida, como la dieta, en el desarrollo de la demencia.
En este sentido, diferentes estudios han destacado los efectos protectores de la cafeína y los antioxidantes. Ahora un nuevo estudio, publicado en "JAMA", concluye que consumir entre dos y tres tazas de café al día se asocia con un menor riesgo de demencia y una mejor función cognitiva.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores del Mass General Brigham, de la Escuela de Salud Pública T. H. Chan de Harvard y el Instituto Broad del MIT y Harvard analizaron datos de 131.821 participantes del Estudio de Salud de Enfermeras (NHS) y del Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud (HPFS) recopilados durante cuatro décadas y determinaron que el consumo moderado de café y té con cafeína puede reducir el riesgo de demencia.
En concreto, determinaron que el consumo moderado de café con cafeína (2-3 tazas al día) o té (1-2 tazas al día) reducía el riesgo de demencia, ralentizaba el deterioro cognitivo y preservaba la función cognitiva.
Al buscar posibles herramientas para la prevención de la demencia, pensamos que algo tan común como el café podría ser una intervención dietética prometedora, y nuestro acceso exclusivo a datos de alta calidad a través de estudios que se han estado realizando durante más de 40 años nos permitió dar seguimiento a esa idea”, afirma en un comunicado el autor principal Daniel Wang, científico asociado de la División Channing de Medicina de Red en el Departamento de Medicina del Mass General Brigham y profesor asistente en la Facultad de Medicina de Harvard.
“Si bien nuestros resultados son alentadores, es importante recordar que la magnitud del efecto es pequeña y que existen muchas maneras importantes de proteger la función cognitiva a medida que envejecemos. Nuestro estudio sugiere que el consumo de café o té con cafeína puede ser una pieza de ese rompecabezas”, añade Wang, que también es profesor asistente en el Departamento de Nutrición de la Facultad Chan de Harvard y miembro asociado del Instituto Broad.
El café y el té contienen ingredientes bioactivos como los polifenoles y la cafeína, que se han revelado como posibles factores neuroprotectores que reducen la inflamación y el daño celular, a la vez que protegen contra el deterioro cognitivo.
Hasta la fecha, los hallazgos sobre la relación entre el café y la demencia han sido prometedores pero inconsistentes, ya que los estudios han tenido un seguimiento limitado y detalles insuficientes para captar los patrones de consumo a largo plazo, las diferencias según el tipo de bebida o la gama completa de resultados, desde el deterioro cognitivo subjetivo temprano hasta la demencia diagnosticada clínicamente.
Los datos de este estudio ayudan a superar estos desafíos. Los participantes repitieron evaluaciones de dieta, demencia, deterioro cognitivo subjetivo y función cognitiva objetiva, y fueron seguidos durante hasta 43 años. Los investigadores compararon cómo el café con cafeína, el té y el café descafeinado influyeron en el riesgo de demencia y la salud cognitiva de cada participante.
De los más de 130.000 participantes, 11.033 desarrollaron demencia.
Tanto los hombres como las mujeres que consumían más café con cafeína presentaron un riesgo un 18% menor de demencia en comparación con quienes informaron consumir poco o nada de café con cafeína.
Los bebedores de café con cafeína también presentaron una menor prevalencia de deterioro cognitivo subjetivo (7,8% frente al 9,5 %). Según algunas mediciones, quienes bebieron café con cafeína también mostraron un mejor rendimiento en pruebas objetivas de función cognitiva general.
Un mayor consumo de té mostró resultados similares, mientras que el café descafeinado no, lo que sugiere que la cafeína puede ser el factor activo que produce estos resultados neuroprotectores, aunque, como reconocen los investigadores, se necesitan más investigaciones para validar los factores y mecanismos responsables.
Los beneficios cognitivos fueron más pronunciados en los participantes que consumían de 2 a 3 tazas de café con cafeína o de 1 a 2 tazas de té al día.
A diferencia de varios estudios previos que vinculaban el consumo de más de 6 tazas de café al día con un mayor riesgo de demencia, en este estudio de "JAMA" una mayor ingesta de cafeína no produjo efectos negativos; al contrario, proporcionó beneficios neuroprotectores similares a los de la dosis óptima.
Para la mayoría de los adultos (sanos y no embarazadas), el consumo máximo seguro de café de de 3 a 4 tazas al día o lo que es lo mismo 400 mg de cafeína tal y como recomienda la Autoridad Europea en Seguridad Alimentaria (EFSA).
Pero mientras algunos estudios indican que el consumo beneficioso sería entre 2 y 3 tazas, otras investigaciones elevan esta cifra a 4 o 5 tazas al día para lograr una mayor longevidad.
“También comparamos a personas con diferentes predisposiciones genéticas a desarrollar demencia y vimos los mismos resultados, lo que significa que el café o la cafeína probablemente sean igualmente beneficiosos para las personas con alto y bajo riesgo genético de desarrollar demencia”, dijo el autor principal Yu Zhang, MBBS, MS, estudiante de doctorado en Harvard Chan School y becario de investigación en Mass General Brigham.
Algo crucial, ya que en España, más de 900.000 personas padecen alzhéimer o algún otro tipo de demencia, una cifra que podría multiplicarse en las próximas décadas. De hecho, se estima que aumentará hasta 1,74 millones en 2050.
Aunque el alzhéimer suele diagnosticarse a partir de los 75 años, cada vez se identifican más casos en edades más tempranas. El motivo, como han descubierto investigadores españoles, unas células del sistema inmune que predisponen a sufrir patologías como alzhéimer y tumores cerebrales justo a partir de los 57 años.
Fuente larazon.es