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Ibuprofeno de 400 o de 600 miligramos: qué diferencias hay y por qué los expertos recomiendan prudencia con las dosis altas
Aumentar la cantidad de ibuprofeno no significa necesariamente conseguir un mayor alivio del dolor, mientras que sí puede elevar la exposición a sus efectos adversos
El ibuprofeno forma parte del botiquín de muchos hogares españoles y se utiliza habitualmente frente a dolores de cabeza, molestias musculares, dolor menstrual o fiebre. Precisamente por su uso tan extendido, es fácil caer en la idea de que una dosis mayor será más eficaz cuando las molestias son intensas. Sin embargo, la diferencia entre un comprimido de 400 y otro de 600 miligramos no debería plantearse simplemente como una cuestión de «más es mejor». La razón está en cómo funciona este medicamento y en que la relación entre dosis y alivio no aumenta indefinidamente.
400 y 600 mg: misma sustancia, distinta cantidad
Ambas presentaciones contienen el mismo principio activo: ibuprofeno, un antiinflamatorio no esteroideo (AINE) que tiene efectos analgésicos, antiinflamatorios y antitérmicos. La diferencia fundamental es, por tanto, la cantidad administrada en cada toma.
En España existen medicamentos de 400 y 600 mg, pero sus indicaciones y condiciones de uso no son necesariamente idénticas. La ficha técnica de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) establece que, para el tratamiento del dolor leve o moderado y la fiebre en adultos y adolescentes de al menos 40 kilos, pueden utilizarse 400 mg, mientras que determinadas enfermedades inflamatorias pueden requerir pautas superiores bajo criterio médico.
Esto explica por qué 600 mg no debe entenderse como la versión «fuerte» de 400 mg para cualquier dolor cotidiano. La dosis apropiada depende del problema que se intenta tratar, de la persona y de otros factores clínicos.
La advertencia del farmacéutico Mariano Giménez se centra precisamente en este punto. Según el testimonio incluido en la información de partida, para determinados dolores puntuales el aumento de 400 a 600 mg no proporciona necesariamente una mejora proporcional del efecto analgésico.
La evidencia disponible también invita a no asumir que incrementar la dosis siempre aporta una ventaja clara. Una revisión Cochrane sobre dolor agudo encontró que una dosis única de 400 mg de ibuprofeno proporciona un buen nivel de alivio en una parte importante de los pacientes estudiados. Por eso, ante una molestia ocasional, no conviene aumentar por cuenta propia la dosis con la expectativa de que el dolor desaparecerá antes.
¿Qué riesgos aumentan con las dosis más altas?
El ibuprofeno puede provocar efectos adversos, especialmente sobre el aparato digestivo. Entre ellos figuran molestias gástricas, náuseas y, con menor frecuencia, úlceras y hemorragias gastrointestinales. También puede afectar a la función renal y producir retención de líquidos, hipertensión o problemas cardiovasculares.
Además, la documentación oficial señala que muchas de estas reacciones están relacionadas con la dosis y con la duración del tratamiento. De ahí que la recomendación general sea emplear la dosis eficaz más baja durante el menor tiempo necesario.
El riesgo no es igual para todo el mundo. Las personas mayores y quienes tienen antecedentes de problemas gastrointestinales, renales, cardíacos o determinadas enfermedades crónicas necesitan especial precaución y, en algunos casos, valoración médica antes de tomar AINE.
Una presentación de 600 mg puede formar parte de tratamientos indicados para determinados procesos inflamatorios o dolores de mayor intensidad, pero eso no significa que sea la opción adecuada para automedicarse ante cualquier molestia.
En España, algunas presentaciones de 400 mg están destinadas al uso ocasional y limitado y establecen un máximo de 1.200 mg diarios para determinadas indicaciones sin supervisión médica. Si el dolor persiste más de cinco días en adultos, la propia información oficial recomienda consultar con un médico. También es importante evitar combinar ibuprofeno con otros AINE sin indicación profesional y revisar posibles interacciones con otros medicamentos.
Elegir entre 400 y 600 mg no debería depender de cuál parece más potente, sino de cuál es la dosis adecuada para cada situación. Para un dolor puntual, recurrir directamente a una cantidad superior puede aumentar innecesariamente la exposición al medicamento sin garantizar un beneficio equivalente.
Fuente larazon.es