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Probióticos contra el Parkinson: el hallazgo científico que vincula la salud intestinal con la protección del cerebro

Probióticos contra el Parkinson: el hallazgo científico que vincula la salud intestinal con la protección del cerebro

Investigadores demuestran que una cepa específica de la bacteria viva 'Lactobacillus reuteri' modula el eje intestino-cerebro para restaurar sustancias neuroprotectoras que logran frenar la pérdida de neuronas, mejorando así significativamente la movilidad en casos de Parkinson


El párkinson es actualmente la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente en el mundo. Su aparición suele ser insidiosa y su progresión lenta, lo que dificulta enormemente la detección precoz. Sin embargo, la continúa inversión en investigación y la progresiva experimentación logran avances paulatinos para mejorar la vida del paciente o la prevención de la enfermedad. En este escenario destaca el nuevo estudio liderado por científicos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Kunming, el cual pone el foco en un aliado inesperado: nuestra microbiota intestinal.

¿Salud intestinal y Párkinson?
Desde hace tiempo se sabe que el Párkinson implica la pérdida de neuronas dopaminérgicas (células cerebrales que producen dopamina) en una región llamada sustancia negra. Esta pérdida provoca los conocidos síntomas motores, que no son los únicos de esta condición, pero sí los más notables: temblor en reposo, rigidez y problemas al caminar. No obstante, la ciencia está descubriendo que el eje intestino-cerebro juega un papel crucial en este proceso.
Y es que lo que ocurre en nuestro sistema digestivo puede influir directamente en la salud de nuestras neuronas. El estudio revela que los pacientes con párkinson presentan a menudo una disbiosis intestinal, es decir, un desequilibrio en las bacterias que habitan en el intestino, lo que altera el metabolismo del triptófano, un aminoácido esencial para el funcionamiento ideal del cerebro.

¿Cómo ayuda el probiótico Lactobacillus reuteri?
El núcleo de esta reciente investigación se centra en la bacteria Lactobacillus reuteri DSM 17938. En ensayos con modelos animales (ratones con párkinson inducido), la administración de este probiótico -microorganismos vivos que aportan beneficios a la salud- demostró resultados no vistos anteriormente.
Los hallazgos principales incluyen lo siguiente. Mejora de la movilidad: los sujetos tratados aumentaron su velocidad y la distancia recorrida en las pruebas de comportamiento. Reducción de la inflamación: se detectó una disminución significativa de proteínas inflamatorias. Protección neuronal: el tratamiento ayudó a la supervivencia de las neuronas en la sustancia negra y aumentó la expresión de la tirosina hidroxilasa (TH), clave para fabricar dopamina.
El estudio destaca a su vez que el tratamiento con L. reuteri restaura el metabolismo del triptófano. Para entender esta mejora, debemos saber que este aminoácido puede seguir varias rutas en el cuerpo. En el párkinson, estas rutas suelen estar alteradas, produciendo sustancias tóxicas. Sin embargo, la intervención con el probiótico favoreció la acumulación de metabolitos neuroprotectores. Es decir, nuestras neuronas generan escudos, es como una medicina natural autogenerada por nuestro cuerpo para blindar al sistema nervioso ante la neurodegeneración.

Entre estas sustancias beneficiosas destacan la serotonina (conocida como la hormona de la felicidad), el ácido quinurénico y el ácido xanturénico, que ayudan a proteger al cerebro del daño oxidativo. Los investigadores observaron que la bacteria viva fue más eficaz que su sobrenadante, posiblemente porque puede colonizar el intestino y trabajar generando estos protectores de forma continua.

¿Dónde puedo encontrar este probiótico?
Lactobacillus reuteri DSM 17938 es una cepa probiótica específica que no se encuentra de forma natural en los alimentos, sino únicamente en suplementos y algunos productos enriquecidos. Aunque otras cepas de Lactobacillus reuteri pueden estar presentes en alimentos fermentados como el kéfir, el yogur con cultivos vivos, el chucrut o el kimchi, estos no contienen de forma garantizada la cepa DSM 17938. Por ello, si se buscan los efectos específicos atribuidos a esta cepa, es necesario consumir un suplemento que la identifique expresamente en su etiqueta.

Aunque este estudio se ha realizado en modelos de laboratorio, los expertos señalan la importancia de cuidar la salud digestiva como medida preventiva general, dentro de los hábitos saludables básicos del día a día. La investigación apunta a su vez a que el estreñimiento y las alteraciones intestinales suelen preceder años a los síntomas motores del párkinson
Así pues, este descubrimiento abre la puerta a nuevas terapias basadas en la modulación de la microbiota. Al elegir bacterias específicas que regulen el triptófano, se podría desarrollar una estrategia complementaria para frenar la neurodegeneración.

 

 

Fuente larazon.es