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Un estudio revela las cinco dietas que permiten alargar la vida hasta cinco años
La alimentación es fundamental para llevar una vida sana y poder vivir más años. Un estudio revela las claves para una mayor longevidad
¿Comer por placer o por supervivencia? La ciencia inclina la balanza hacia lo segundo. Y va más allá: comer bien podría significar vivir más. No se trata de una consigna motivacional, sino de datos. Datos sólidos. Datos medidos durante años.
La discusión sobre cuál es la mejor dieta -cetogénica, vegana, mediterránea- sigue abierta. Cada corriente tiene sus seguidores. Cada una cuenta con estudios que indican que son las idóneas. Sin embargo, una nueva investigación publicada en "Science Advances" introduce un criterio difícil de ignorar: la esperanza de vida.
El trabajo, basado en más de 100.000 participantes del UK Biobank, analiza hábitos alimentarios durante una década y calcula cuánto podría alargarse la vida de una persona de 45 años según el patrón dietético al que se sometieron. El enfoque resulta pragmático porque no mide solo peso o colesterol, sino que mide años.
Cinco dietas, un denominador común: prevención
El estudio identifica cinco modelos alimentarios que resisten el paso del tiempo y el escrutinio científico: la dieta mediterránea, la de reducción del riesgo de diabetes, la dieta DASH, la vegana y el AHEI (Índice de alimentación saludable alternativo)
No son dietas milagro, son esquemas estructurados que reducen azúcares simples, aumentan la fibra, `priorizan grasas saludables y dejan de lado los productos ultraprocesados.
Más fibra, más años
Los hombres que siguieron la dieta orientada a reducir el riesgo de diabetes -rica en cereales integrales, legumbres y alimentos con bajo índice glucémico- sumaron tres años más de vida. En el caso de las mujeres, poco más de la mitad: 1,7 años. La clave parece clara: controlar la glucosa reduce inflamación crónica. Y la inflamación, tal y como recuerdan los expertos, acelera el envejecimiento biológico.
El doctor Luis Martínez, endocrinólogo del Hospital Clínico San Carlos, apunta que “la prevención metabólica no solo evita la diabetes tipo 2, sino que protege el sistema cardiovascular y reduce el deterioro celular”. El beneficio, añade, es acumulativo.
La mediterránea: evidencia consolidada
La dieta mediterránea no sorprende, es la más recomendada a nivel mundial. Lleva décadas en la cima de los rankings nutricionales. Rica en aceite de oliva virgen extra, pescado azul, verduras, frutas y frutos secos, suma aproximadamente dos años adicionales de vida tanto en hombres como en mujeres, según el citado estudio.
España conoce bien este patrón. El problema no es cultural, sino de abandono progresivo. El consumo de ultraprocesados ha crecido en la última década, mientras la adherencia real a la dieta tradicional disminuye. La paradoja es evidente: el modelo está en casa, pero no siempre en el plato.
Además, varias investigaciones previas ya habían vinculado este patrón con un menor riesgo cardiovascular y una mejor salud cognitiva. La novedad ahora es que los beneficios se pueden cuantificar en años.
AHEI: el método Harvard
El mayor impacto lo muestra el AHEI, desarrollado por investigadores de la Harvard University. Este índice puntúa los alimentos según su asociación con un menor riesgo de enfermedad crónica. Los hombres que lo siguieron ganaron 4,3 años y las mujeres, 3,2. La base de este tipo de dieta es el consumo de verduras frescas, fruta entera, cereales integrales, frutos secos, legumbres, proteínas vegetales, pescado y grasas insaturadas. Penaliza carnes procesadas, bebidas azucaradas y exceso de sodio.
Para la nutricionista Ana López, “la fortaleza del AHEI reside en su base epidemiológica: no elimina grupos enteros sin justificación; prioriza calidad nutricional”. En otras palabras, no impone extremos.
Alimentos verdes y corazón
La dieta basada en verduras aporta, de media, dos años extra. No implica necesariamente veganismo estricto, sino predominio vegetal. Menos proteína animal. Más legumbre. Más verdura.
En la misma línea, la dieta DASH —diseñada para combatir la hipertensión— ofrece ganancias cercanas a los dos años: 1,9 en hombres y 1,8 en mujeres. Su fórmula es sencilla: frutas, verduras, lácteos bajos en grasa y control del sodio. Más potasio, calcio y magnesio. Menos presión arterial. Menos eventos cardiovasculares.
La conclusión del estudio es que no hay una dieta única y universal, pero queda claro que las alimentaciones basadas en verduras, abundante fibra y grasas saludables tienen un efecto protector sobre el organismo. Previenen la inflamación y alargan la vida.
Desde el Ministerio de Sanidad insisten en que la prevención nutricional es “una inversión en sostenibilidad sanitaria”. No es una frase retórica. El envejecimiento poblacional tensiona el sistema. Si la alimentación retrasa enfermedades crónicas, reduce hospitalizaciones y dependencia, el impacto económico puede ser considerable.
La pregunta, por tanto, cambia. No se trata de saber qué dieta está de moda. Si no cual es el patrón sostenible a largo plazo. Comer deja de ser solo un acto cultural o social y se convierte en una inversión a largo plazo, una inversión en vida.
Fuente larazon.es