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Las 90.000 razones por las que deberías dejar de beber agua en botellas de plástico
Estas partículas, invisibles al ojo humano, no se quedan en el recipiente: atraviesan el organismo y pueden acumularse en distintos tejidos
La hidratación es clave en nuestras vidas. Beber agua embotellada parece un gesto inocente, casi automático. Lo más habitual cuando estamos trabajando o fuera de casa es beber de una botella, y aunque todos sabemos que no está bien del todo reutilizarla 200 veces, seguimos haciéndolo hasta que toca jubilarla, y la sustituimos por otra igual. Lo que pocos conocen en que varias investigaciones recientes revelan una realidad inquietante: cada botella de plástico puede liberar miles de partículas microscópicas que terminan dentro de nuestro cuerpo.
Un amplio análisis científico, basado en más de 140 estudios previos, estima que una persona que consume agua embotellada de forma habitual puede ingerir hasta 90.000 microplásticos al año, una cifra muy superior a la de quienes beben agua del grifo. Estas partículas, invisibles al ojo humano, no se quedan en el vaso: atraviesan el organismo y pueden acumularse en distintos tejidos.
Factores que potencian la aparición de microplásticos
Las microplásticos son fragmentos diminutos, resultado de la degradación del plástico por factores como el calor, la exposición al sol o la simple fricción al abrir y cerrar una botella. Su tamaño les permite superar barreras biológicas y desplazarse por el cuerpo, lo que ha despertado una creciente preocupación en la comunidad científica.
Aunque todavía no existe consenso absoluto sobre sus efectos directos en la salud, los investigadores advierten de posibles consecuencias a largo plazo. Se han detectado microplásticos en la sangre, los pulmones e incluso en la placenta, lo que sugiere que la exposición es constante y generalizada. El mayor temor no es un daño inmediato, sino la acumulación silenciosa y su potencial para provocar inflamación, estrés celular o alteraciones aún poco comprendidas.
No solo están en el agua embotellada
Este fenómeno no se limita al agua embotellada. Las microplásticos están presentes en alimentos, envases, tejidos sintéticos e incluso en el aire que respiramos. Sin embargo, el consumo diario de botellas de plástico representa una de las vías más directas y frecuentes de exposición.
La conclusión es incómoda pero clara: el plástico ya forma parte de nuestra vida de una manera mucho más íntima de lo que creemos. Reducir el uso de botellas desechables, optar por envases reutilizables o confiar en sistemas de filtrado doméstico no solo es una decisión ambiental, sino también una forma de cuidar la salud.
Porque a veces, lo más peligroso no es lo que vemos, sino lo que entra en silencio en nuestro cuerpo, sorbo a sorbo.
Fuente larazon.es