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¿Por qué el riesgo de padecer un cáncer disminuye el de tener alzhéimer, y viceversa?

¿Por qué el riesgo de padecer un cáncer disminuye el de tener alzhéimer, y viceversa?

Un nuevo análisis publicado en Nature detalla las causas de la sorprendente relación inversa entre ambas enfermedades


La relación inversa entre el cáncer y enfermedad de Alzheimer, descrita de manera consistente en estudios epidemiológicos, está emergiendo como una de las paradojas biomédicas más estimulantes para la investigación actual. Aunque ambas patologías comparten factores de riesgo evidentes, especialmente el envejecimiento, los datos muestran que los pacientes con cáncer tienen una probabilidad significativamente menor (de entre un 25 y un 35% menor) de desarrollar alzhéimer y que quienes padecen esta última enfermedad presentan, a su vez, un riesgo reducido de sufrir cáncer. Esta correlación, lejos de ser anecdótica, se confirma también en estudios neuropatológicos y abre una vía de investigación que podría transformar la comprensión de los mecanismos de vulnerabilidad y protección en ambas enfermedades.


Un análisis publicado estos días en la revista Nature detalla que los pacientes con antecedentes de cáncer presentan una menor carga de patología característica del alzhéimer, como placas de beta-amiloide y ovillos neurofibrilares. Este patrón no se observa en otras enfermedades neurodegenerativas, lo que refuerza la idea de que la relación inversa es específica del de esta patología. Incluso en tejidos de pacientes con glioblastoma (el tumor cerebral más frecuente en adultos) las zonas con depósitos de amiloide y proteína tau muestran menor infiltración tumoral, mientras que las áreas con mayor presencia de células cancerosas presentan menos signos de enfermedad de Alzheimer.

Tal y como explica la autora, la doctora L. Rebekah Feng, directora de Programa en el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA/NIH) para la Colaboración en la Intersección entre el Cáncer y la Enfermedad de Alzheimer (Cadic), cuyo marido falleció en 2025 a causa de un glioblastoma a los 46 años, tras 15 meses de tratamiento, la explicación biológica de esta paradoja apunta a un equilibrio evolutivo en el que los mismos procesos celulares actúan en direcciones opuestas. El cáncer se caracteriza por la proliferación celular descontrolada, mientras que el alzhéimer implica una pérdida acelerada de neuronas.

Esta oposición se refleja en rutas moleculares clave y por una regulación inmunitaria que difiere radicalmente: el alzhéimer se asocia con neuroinflamación crónica, mientras que el cáncer prospera cuando las células malignas evaden la vigilancia inmunitaria.
La relación inversa también parece depender de mecanismos específicos del alzhéimer. Proteínas como APP y beta-amiloide actúan como supresores tumorales en modelos experimentales y modulan funciones antitumorales de los linfocitos T. El alelo APOE4, conocido por aumentar el riesgo de alzhéimer, se asocia paradójicamente con mejores resultados en melanoma. En gliomas, niveles elevados de tau se relacionan con mutaciones en IDH1 y con un mejor pronóstico al inhibir EGFR.

Una relación poco estudiada
El artículo destaca que esta intersección entre cáncer y alzhéimer sigue estando poco explorada, pese a su enorme potencial. Factores como el sexo o condiciones genéticas como el síndrome de Down podrían ofrecer claves adicionales. Las personas con síndrome de Down tienen un riesgo superior al 90% de desarrollar alzhéimer, pero una incidencia de tumores sólidos menos de la mitad que la población general, lo que sugiere que el cromosoma 21 podría albergar mecanismos protectores relevantes.

Por otro lado, los investigadores están descubriendo que algunos procesos propios del cáncer podrían, sorprendentemente, ayudar a proteger el cerebro frente al alzhéimer. Un ejemplo es cystatin-C, una proteína que producen ciertos tumores y que, en estudios con ratones, consigue reducir las placas de amiloide y mejorar la memoria al activar a la microglía, las células de limpieza del cerebro.
También se explora si mecanismos del azhéimer, como la forma en que la proteína tau se propaga entre neuronas, podrían frenar la expansión de tumores cerebrales muy agresivos como el glioblastoma. Y técnicas experimentales como la estimulación con luz o sonido en frecuencias gamma, que en modelos animales reducen la inflamación cerebral, podrían servir para hacer el entorno del tumor menos favorable.

Fármacos que entran en el cerebro
A esto se suma que muchos fármacos contra el cáncer ya están diseñados para entrar en el cerebro, lo que abre la puerta a reutilizarlos frente al alzhéimer. Combinados con herramientas de inteligencia artificial capaces de analizar enormes bases de datos de cáncer y neurodegeneración, estos enfoques crean un terreno muy prometedor para desarrollar tratamientos realmente modificadores de la enfermedad.

 

Fuente larazon.es