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¿Por qué nos levantamos de la siesta con ganas de comer?

¿Por qué nos levantamos de la siesta con ganas de comer?

Este fenómeno tiene una explicación basada en cómo funciona nuestro organismo


La siesta es una práctica muy habitual en España y para muchas personas supone un momento clave de descanso tras la comida. Sin embargo, no es extraño que, al despertar, aparezca una sensación clara de hambre. Aunque resulte curioso, este fenómeno tiene una explicación basada en cómo funciona nuestro organismo.

El gasto energético durante el sueño
Aunque la siesta sea corta, el cuerpo no se “apaga”. Mientras dormimos, el organismo sigue consumiendo energía para mantener funciones esenciales como la respiración, el latido del corazón o la actividad cerebral. Ese pequeño gasto puede provocar un ligero descenso de los niveles de glucosa en sangre, lo que al despertar se traduce en una señal de apetito.
El papel de las hormonas del hambre
El descanso también influye en las hormonas que regulan el apetito, como la grelina y la leptina. Durante el sueño se producen variaciones en su liberación y, al interrumpirse la siesta, ese equilibrio puede alterarse de forma momentánea. El resultado es una mayor sensación de hambre, especialmente si el descanso se prolonga más de lo recomendable.

La duración de la siesta, clave
Los expertos recuerdan que no todas las siestas tienen el mismo efecto. Las más largas pueden provocar inercia del sueño, una sensación de aturdimiento al despertar que en ocasiones se confunde con hambre. Por eso, se aconseja que la siesta no supere los 20 o 30 minutos, de modo que el cuerpo se reactive con normalidad y no demande energía extra.
En definitiva, despertarse de la siesta con ganas de comer es una respuesta normal del organismo, relacionada con el consumo energético, los cambios hormonales y la duración del descanso.

 

Fuente larazon.es